domingo, 25 de septiembre de 2016

Chacuacos: mudos testigos de prósperos negocios

  Los hay por todo México, sea norte que sur, montaña o en tierras bajas, se conocen como chacuacos y si la palabra no te suena conocida no es otra cosa que una chimenea. Razón por la cual en algunos camiones de carga hay una pieza llamada justo así: chacuaco, la salida de los humos propios de la combustión. Y la palabra, cuando nos adentramos a los antiguos libros no es nada nueva y su significado era otro que poco tiene que ver con la chimenea:

Diccionario de Autoridades - Tomo II (1729)

CHACUACO. s. m. Apodo que se da a la persona rústica, záfia y de mala presencia. Latín. Inurbanus, incultus homuncio.

chacuaco. Definición actual:
De or. amer.

1. m. Ingen. Horno de manga para fundir minerales de plata.
2. m. Méx. chimenea (‖ conducto para que salga el humo).
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  En la primera imagen vemos un chacuaco en pleno centro de San José Iturbide, era una fábrica de jabón, tengo entendido. En la segunda se ve claramente el chacuaco de una hacienda en Suchitán, municipio de Villagrán, Guanajuato, sitio en donde se sembraba caña de azúcar. Esta que vemos ahora es lo único que sobrevive de la fábrica de jabón La Constancia, en Irapuato, Guanajuato. El siguiente es el chacuaco de la ex hacienda de Santa Ana del Conde en León, Guanajuato.

En el Vocabulario de mexicanismos de Joaquín García Icazbalceta encontramos otras acepciones:

* Chacuaco. m. Horno pequeño para fundir metales.
2. En el Estado de Morelos se da este nombre a las chimeneas de las casas de calderas.
3. En la California hallamos la voz en otro sentido.
«Aplicaban al enfermo en la parte llagada ó condolida el chacuaco, que es un cañuto de piedra negra durísima, y por él chupaban unas veces, y otras soplaban con gran fuerza, creyendo que extraían ó ahuyentaban la enfermedad. Á veces llenaban el cañuto de tabaco cimarrón ó silvestre; y encendido éste hacían la misma maniobra de chupar y soplar con el humo» (Noticia de la California, tom. I, página 111. V. además tom. I, pp. 113, 117; tom. II, p. 393). (Tomado de Cervantes virutal.)

  Se antoja increíble en nuestros días, pero así fue, el Bajío, el mero centro-sur del Bajío, fue productor de azúcar hace algunas décadas, aquí vemos un vestigio más, en el municipio de Jaral del Progreso, no sé a cuál hacienda corresponda.

  Y más increíble es ver los restos, y su chacuaco, de la que fuera la productora del afamado Ron Bajío, en Villagrán, Guanajuato.

  En pleno centro de Celaya, Guanajuato, se yerguen, con cierta majestuosidad, los chacuacos de la que fuera la fábrica de textiles Zempoala, empresa creada por Lucas Alamán que luego pasaría al español Eusebio González y su acaudalada esposa, Emeteria Valencia.

  Es evidente que comparto fotos de chacuacos de lugares del estado de Guanajuato, aquí uno más, de una mina, la de Santa Brígida, en Mineral de Pozos.

sábado, 24 de septiembre de 2016

De caligrafía, patitos y recuerdos...

   Fui párvulo, como todos lo fuimos en su momento, solo que yo entendía que "párvulos" o, más aun, "parvulitos", era el nombre de la escuela, de mojas, por cierto. Luego entendí, ante la implementación de los "kindergarden" y más aún, en los "jardines de niños", que una cosa y la otra era lo mismo. Ahora lo entendemos como Preprimaria. Y ocurrió que, andando por los rumbos de Parangueo vi unos curiosos números escritos en una banqueta, marcando el metro, cada número era un metro pues, en toda feria siempre se marcan los espacios para que se coloquen los puestos y cada quien pague su "plaza" y todos contentos. Pero los números no eran del todo común, especialmente el 2, que me hizo recordar aquellos ejercicios que hace al menos medio siglo de que "los patitos son el número 2". Por suerte me toco ser de la generación de transición entre lo manuscrito y la letra de molde, igual leo una que otra, igual escribo una que otra y veo (yo que no tengo hijos... ni nietos) las complicaciones que tienen los niños ahora para entender lo manuscrito.






jueves, 22 de septiembre de 2016

De puentes, ríos y arroyos desaparecidos: La antesala del cambio climático.

   Estamos justo frente a la que fuera la casa grande la hacienda de San José Parangueo, algo sorprendente hay allí. No su templo, no sus trojes, no su casa... su puente cegado. No tengo idea cuándo ocurrió, podemos calcular unas seis décadas al menos y si fue cegado fue porque ya no había necesidad de él. Y si no había necesidad de él fue debido a que un buen día dejó de correr agua por ese arroyo.

   Dudo, enormemente, que haya sido entubado pues en la zona rural del Bajío guanajuatense eso no ocurre. Entubados fueron, por ejemplo, los ríos y arroyos en la ciudad de México a medida de que fue creciendo. 

   Podremos decir que ahora, con el cambio climático nada nos sorprende y, a la vez, podemos corregir que ahora tenemos encima ese cambio, el cual se originó hace muchas décadas, quizá un siglo, o un siglo y medio. Solo que, ahora lo que padecemos son las consecuencias. Y lo peor está por venir.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Por el rumbo de Parangueo en Valle de Santiago, Guanajuato

  Abramos esta ventana para sorprendernos. Esta bien podría ser la frase ideal para comenzar un día de descanso, por puente, por no tener compromisos laborales, por ser fin de semana, o mejor aun... no por, sino para atrevernos a conocer unos pocos kilómetros más allá de nuestro entorno. De seguro toparás con una maravilla cercana al lugar en el que vivas. Eso es (prácticamente) una garantía en México pues de que México es bonito, no hay dudas.

   Cuentan por ahí que en el siglo XVII y XVIII la gente conocía, los que lograban salir del entorno de su rancho, hacienda o villa, apenas 7 leguas a la redonda, unos 30 kilómetros; más allá todo era desconocido. De ahí que el correo, la posta, o los viajantes se volvieran objeto de curiosidad porque ellos habían visto "mundos distantes" y desconocidos.

   Nuestra modernidad nos ha ampliado ese ratio, podemos visitar lugares distantes usando poco tiempo para desplazarnos, el agravante son los costos... pero esa es otra historia, ahora lo que te demuestro es que manteniendo el rango de las 7 leguas de donde vivo, llegamos a un sitio maravilloso que nos transporta en el tiempo. Bien sabes que vivo en Salamanca y a donde nos vamos esta vez (en fotografías) es a tan solo 3 leguas de distancia en dirección sur, esto significa 13.5 kilómetros.

   El lugar que visitamos se llama Santa Rosa Parangueo, está en el municipio de Valle de Santiago. Parangueo fue una Estancia, un territorio de aquellas primeras entregas de tierras que hubo en la Nueva España que era tan grande que nadie sabía dónde comenzaba y dónde terminaba. En algún momento el encomendero recibió otra más, llamada Quiriceo. En plena zona volcánica del valle, por consecuencia con tierras de mucha fertilidad.

   Hasta allá llegaron los evangelizadores que, partiendo de Michoacán, quizá de Cuitzeo, llegaron a Yuriria y de ahí enfilaron al norte dejando sus capillas en la Magdalena, en Araceo y en esto que ahora vemos, Santa Rosa de Parangueo, primero una simple capilla, del siglo XVII que luego se convirtió en magnífico templo pues se estableció allí una visita, en el XVIII.

   La capilla fue abandonada, luego se usó como cementerio, mismo que se rebasó y se creó un nuevo cementerio unos metros más abajo de la loma. El lugar es excepcional, es de esos sitios que no se publicitan mucho pero que, cuando los descubres, te asombran...