sábado, 24 de enero de 2009

El Arco de Cabo San Lucas y el rayo verde que sale en el Pacífico.

  A esta formación rocosa la vi durante diez y ocho años y, ¿sabes qué?, no me cansé de hacerlo. Cada vez aparecía algo nuevo, un detalle, una forma, una evocación, un colorido distinto, es el Arco de Cabo San Lucas; el símbolo de Los Cabos y, en buena medida, de Baja California Sur.

  Era increíble verlo en invierno, tan distinto a como se nos revelaba en verano, con una coloración diferente en la mañana, al amanecer, cuando las lanchas de pesca salían en cuanto amanece; a como la ven aquellos que aprovechan el clima para ir a bucear o esnorquelear. Mas distinto se nos muestra cuando la tarde empieza y, ni que decir, cuando el sol está cayendo en el horizonte del lado del Pacífico.

  Recuerdo haber leído hace muchos años en uno de esos Selecciones del Reader’s Digest, infaltables en la memoria de todo aquel que tiene la edad mía, un reportaje, casi místico que decía que, al ver el atardecer desde esta parte de México, el último rayo de sol que aparece era verde, justamente en el momento que el sol se mete por completo, que deja apenas ver un minúsculo reflejo del sol en un rayo que se torna verde.

 Desde que llegué a vivir a Los Cabos puse atención en todos y cada uno de los muchos recorridos por el Arco, esperando ver el magno espectáculo del rayo verde, ese, la verdad, nunca lo vi, se queda dentro de las tantas leyendas que sobre la Baja California se han escrito. Lo que sí he podido comprobar es el fenómeno que ni Jacques Yves Cousteau, (1910 – 1997), pudo descifrar, el cambio en la dirección de las corrientes que se encuentran en este llamado “fin de la tierra”, la del Mar del Cortés que se une a la del Pacífico y que forman una playa en rededor del Arco que solo se ve, cada cuatro años en los meses mas calurosos del verano.

  En El Bable nos hemos dedicado a recorrer la historia de la Península, esta vez veremos la mas antigua que les puedo ofrecer, aquella que tiene tantos años, que nadie sabe con seguridad cuantos son. Son millones, eso si y es la formación de la tierra.

  Aquí demostraremos que el mejor artista que hay en esta vida, es la vida misma. Es la naturaleza. Sin más palabras disfrutemos de ella, no sin antes agradecer a una gran amiga que tuvo la oportunidad de conocer en un excepcional momento El Arco de Cabo San Lucas y ahora nos comparte sus fotografías, ella lloró como una Verónica cuando lo vio, me cuenta.










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