miércoles, 22 de abril de 2009

La Cambaya de Salamanca, cuando aquí se producía la mejor de México.

Estos telares produjeron, una vez, la afamada Cambaya de Salamanca.

El ritmo de la vida que llevamos actualmente, en la que las cosas son cada vez más rápido, en las que es menos el tiempo disponible para darnos cuenta de las cosas que nos rodean, son infinidad de detalles que dejamos pasar sin prestarle mayor atención. Uno de ellos es el nombre de las calles, las direcciones en la actualidad se dan con señas, haciendo mención de lo que hay cerca del lugar al que vamos y sin pensar en la importancia al nombre de la calle, mucho menos interesándonos en quién fue y que hizo el personaje del que se decidió dar su nombre a una calle. Aquí en Salamanca, al igual que en todo México, tenemos las calles Hidalgo, Morelos, Juárez, pero también las de Albino García, Bartolomé Sánchez, Faja de Oro, por mencionar tres, de las que normalmente no tenemos idea de quién o qué fue. Una de ellas es Emeteria Valencia mujer nacida en Salamanca en el siglo XIX y que contribuyó enormemente al desarrollo industrial de esa época, pues descendía de una familia que hizo gran riqueza en la fabricación de telas, entre otras, la que fue famosa Cambaya de Salamanca. De allí la razón por la cual hay una calle que lleva su nombre, pero, ¿Quién fue Emeteria Valencia?

La Cambaya se sigue produciendo industrialmente en Puebla, artesanalmente en Michoacán, es muy usada en la industria hotelera como mantelería pues sus colores intensos realzan en mucho las mesas durante las “Noches Mexicanas”.

Del mestizaje que comentaba en otro post, de ese que se manifestó en el arte y se nombró Tequitqui, debemos considerar uno más, el que se dio en la industria textil. Salamanca formaba parte del Obispado de Michoacán y fue en el siglo XVI, que se introdujeron las tecnologías para la producción de telas, una de ellas, la Cambaya, una especie de manta, de bajo costo, resistente y que se utilizó profusamente al paso del tiempo, cuando, debido a ese choque de culturas, los naturales se vieron en la necesidad de cambiar sus hábitos, incluidos el del vestir, de allí el crecimiento en la producción de tela en la zona del Bajío; pero, veamos la historia por partes.

Al parecer son diez y seis los telares que siguen empolvándose día con día, la entrada de productos chinos está aniquilando a muchas de las industrias mexicanas. Además del cambio en las modas del vestir.

Es Pedro González, en su Geografía local del Estado de Guanajuato, publicada en 1904, quién da los primeros antecedentes de la familia Valencia, recordemos que en el centro de México había severos problemas de gobernabilidad, los asaltos en los caminos eran cosa común, la invasión francesa y la norteamericana estaban en su momento o acababan de acontecer, era la mitad del siglo XIX cuando “Salamanca se gloría de haber continuado en el Estado, la introducción de la industria fabril y recuerda, con orgullo y gratitud, los nombres de los señores Doña Tecla y Don Patricio Valencia”… padres de Doña Emeteria, nacida el 2 de Marzo de 1834. En esa época en cada población era necesario producir todo lo necesario para la vida diaria, no existían aun los grandes centros de producción, el comercio era regional, asi en la Estadística del Estado de Guanajuato de 1895, Alfonso Luis Velasco anota que “Salamanca mantiene un activo comercio con Guanajuato, México, Valle de Santiago, León, Irapuato y Celaya. Exporta sus cereales, sus rebozos, sus cambayas, su aguardiente, sus sombreros de palma, etc., para dichas ciudades; así como manteca de cerdo en gran cantidad y cerdos vivos, sobre todo para México…”

En la esquina de Zaragoza y Obregón se ubica la placa conmemorativa al primer centenario del nacimiento de Doña Emeteria Valencia, la que fuera propietaria de los telares del siglo XIX y gran benefactora de Salamanca y Celaya.

Don Patricio Valencia tuvo en la primera mitad del siglo XIX una importante fábrica de hilados y tejidos, la primera que hubo en el Bajío con maquinaria importada, con la cual hizo considerable fortuna que le permitió comprar o fundar dos fábricas en Salvatierra, doña Emeteria casó con un español, Eusebio González, empleado de don Patricio y sin duda muy hábil hombre de negocios quien, manejando lo heredado por su esposa, aumentó en mucho su capital; ya en sus últimos años anunciaba “La Reforma” fábrica de mantas en Salvatierra; “La Providencia”, fábrica de mantas en Soria y “San Fernando”, fábrica de tejidos de lana; mientras que en Celaya mantenía la “Fábrica de calicós el Carmen”. Datos tomados del libro de don José Rojas Garcidueñas.

Al respecto, hay algo en torno al calicó, Wiki nos dice que: “El calicó [del francés, calicot] es un tejido de algodón, normalmente estampado por una cara con colores vivos. Es originario de la India, donde se fabricaba ya en el siglo XI. Su nombre, deriva de Calicut, ciudad del suroeste de la India en la provincia de Kerala”.

Este que fuera el último centro de producción de Cambaya de Salamanca, propiedad de don José Vargas Rosa mantiene aun el altar, también en ruinas, en donde el mantel que lo cubre es, evidentemente, Cambaya de Salamanca.

La producción de una de las telas de mayor demanda del siglo XIX, la cambaya, tela hecha a base de algodón tenía un largo proceso de elaboración artesanal con doce horas de trabajo se lograban sacar 25 metros. Camisa y calzón blanco de esta tela era la vestimenta típica de los hombres. De ahí el éxito en los telares de los Valencia. Las cambayas, esas mantas de algodón introducidas en México por los españoles llevaban ya casi tres siglos de desarrollo en la zona del Bajío, la producción fue cada vez mayor, se diversificó a otros textiles, invirtieron en molinos de trigo, teatros, almacenes comerciales y líneas de tranvía.. Al no contar con descendencia y estando viuda, doña Emeteria enfoca sus esfuerzos en la ayuda comunitaria, especialmente en la beneficencia, ayudando a la fundación de escuelas y hospicios, tanto en Salamanca como en Celaya.

Centenares de kilómetros se produjeron en estos talleres textiles de Cambaya.

En 1880 el matrimonio González Valencia se va a radicar a Celaya, es allí en donde doña Emeteria muere el 25 de octubre de 1893, siendo ya viuda y dejando un gran legado a esta parte del Bajío. En cuanto a la industria textil, fue José Vargas Rosas quién siguió con la tradición llegando a tener en 1950 diez y seis telares, dos urdidoras y una rebanadora, poco a poco su producción fue bajando, debido a los altos costos, hasta que, luego de una exitosa producción de treinta años, desaparece dejándonos solo el recuerdo de lo que fue una próspera actividad en Salamanca. Hoy la cambaya se produce en forma artesanal que se considera tradicional en algunas zonas de Michoacán, Estado de México y Puebla. Y enfrenta el reto de renovarse o desaparecer, ante el cambio en los gustos de los consumidores, la falta de mercados y la entrada indiscriminada a México de telas producidas en China y la India.

A la izquierda se ve el taller abandonado de Cambaya de Salamanca, el árbol nos dice que no todo está perdido, siempre hay un corazón latiendo con la esperanza de que la industria que una vez dio gran impulso a Salamanca vuelva a florecer.

5 comentarios:

  1. muy interesante.Mi abuelito que en paz descance Sr. Porfirio Esteves también trabajo la Cambaya aqui en salamanca en su casa, trabajaba junto con sus hijos.

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  2. alguien me puede decir si actualmente hay alguna familia que trabaje la cambaya

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  3. me interesa comprar cambaya, saben del dato de alguna fàbrica actual??

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  4. Actualmente se ha hecho algun rescate en La casa de la Cultura.
    Saludos
    Rosa ma

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  5. Es hermoso conocer la historia o antecedentes, en este caso me llevo buscar información el origen del traje típico de Salamanca.

    Gracias por compartir la información

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