martes, 27 de septiembre de 2011

El Bajío, lugar de abundancia...

992.- Efectivamente, el Bajío es un lugar de abundancia, para bien y para mal abunda, practicamente de todo. Abunda la población, por ejemplo. Si tomamos, en número redondo los 5.5 millones de habitantes de Guanajuato y los 2.5 de Querétaro somos 8 los millones de almas que pululamos por el rumbo, si a esos los concentramos, como es en realidad, en el corredor industrial que va de San Juan del Río hasta León, seguramente el 80% están asentados allí, por lo tanto, es cosa de salirse de la que fuera la "Carretera Panamericana" o la "MEX-45" para que el espacio sea abundante y nos dediquemos a caminar por veredas y caminos escondidos para ir llenándonos los ojos de pura belleza, como la que hoy veremos: el paisaje al inicio del otoño en el Bajío.

"En las cercanías del pueblo abundan las huertas y los árboles frutales, que dan un aspecto alegre al paisaje que se ve desde la cima de una bajada del lado de México, y que se llama la Bajada de San Juan; son unas dos leguas de camino abominable, cubierto de rocas sueltas y de piedras, y lo suficientemente peligroso, aun a caballo. Después de atravesar un río, que corre al norte del pueblo (de donde el nobre, del Río) y que no aparece en ningún mapa, desayunamos en la hacienda de Sauz, a tres y media leguas de San Juan, lugar donde parecía comenzar toda la abundancia del Bajío" (1). Eso que describió el enviado de Su Majestad, el Rey de Inglaterra, en 1826, Henry George Ward es ni más ni menos lo que vemos ahora en esta fotografía, el inicio del Bajío.

Una vez que entramos al Bajío, luego de cruzar Querétaro y dejar atrás las lomas que delimitan uno y otro estado, entramos en el llano más largo, el cual, desde Celaya está dominado por el cerro del Culiacán, ese que, en buena medida es el cué perfecto, o, en todo caso el cono perfecto como lo denominó el Barón de von Humboldt. Y fue precisamente él quien escribió que "es un llano por excelencia fértil en trigo, desde esta Villa de León, hasta San Juan del Río es donde se encuentran los mejores campos de trigo, cebada y maíz. En México los campos mejor cultivados, los que recuerdan las más hemosas campiñas de Francia, son los llanos que se extienden desde Salamanca hasta las inmediaciones de Silao, Guanajuato, y la villa de León”. (2)

El Bajío se llama así por ser una parte baja en relación a las regiones que lo rodean, consecuentemente es aquí a donde el agua corría hace muchos años. Hace tiempo ríos y arroyos limpios y abundantes era cosa normal, yo recuerdo aun como, en los límites del terreno de la refinería en Salamanca corría, hace cosa de medio siglo, un pequeño arroyo, era un "borbotón" de agua, otro arroyo cruzaba la parte norte del pueblo, el llamado Arroyo de San Antonio. Ese al igual que muchos desapareció y aquí lo que veremos en algunas de las siguientes fotografías fue, en un momento una pequeña laguna, la de Quiriceo.

Al fondo vemos una de las Siete Luminarias, que no son siete sino muchas más, pero, dado que el 7 es un número altamente simbólico, los camembarenses decidieron enumerar solo esas siete, la que aquí aparece es la Batea, indudablemente que estamos en el valle de Santiago, lugar de alta prosapia ya que estos territorios que estamos viendo ahora fueron propiedad de encumbradísimas familias novohispanas, comenzando por los Arizaga y Elexalde, siguiendo con don Pedro Bautista Lascuráin de Retana y rematando con los Cortazar y Rábago y, por si no fuera suficiente, estos eran los territorios conocidos como la palma de su mano del controvertido Insurgente Albino García.

No tengo idea cuando habrá desaparecido la laguna de Quiriceo, sé que las luminarias que tenían agua en 1985 comenzaron a descender sus niveles y ahora están secas. Más la naturaleza es pródiga y con la poca y casi escaza agua que hay ahora en este 2011, el campo del valle de Santiago, es decir, el mero Bajío, está teñido de una extraordinaria gama de ocres creada por el sorgo. Verás por allí el antiguo canal por donde se conducía el agua en los tiempos en que todavía existía la laguna y, sobre todo, verás que la belleza está presente en cada rincón del Bajío.














Y mi Mamá (qepd), como buena vallense o camembarense decía: "No hay otro valle, como el valle de Santiago"... y es cierto.

Fuentes:

1.- Ward, Henry G. México en 1827. Selección. Lecturas Mexicanas. FCE. México, 1985.

2.- Humboldt, Alexander von. Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España. Biblioteca Virtual Antorcha. Versión digitalizada, la puedes ver aquí.

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