martes, 11 de diciembre de 2012

Capilla "La Pinta", pueblo de Ixtla, municipio de Apaseo el Grande, Guanajuato.

 Dentro de 20 días estaremos cumpliendo 4 años de "bloggear por los caminos de México" y varias veces he anotado en esta bitácora-libro que me faltará vida para acabar de ver todas las maravillas que nuestro país encierra. Sea el norte que el sur, el levante o el poniente, allí hay algo majestuoso, interesante y una rica historia que documentar. Ahora que regreso al Bajío vengo con una segunda tarea por cumplir, la primera ya la hice y te la conté ayer, la de localizar el monumento a la memoria de Comonfort justo en el sitio en donde fue sacrificado y hoy nos vamos al enigmático pueblo de Ixtla, al oriente de Apaseo el Grande.

 La primera noticia que tuve de Ixtla fue una fotografía que vi en la que aparecía en despoblado una cruz atrial, de esas que dicen hay pocas en el Estado de Guanajuato; luego me atrajo el nombre, dado que se trata de una voz fuertemente nahua:  "Itztla", itz, "obsidiana"; y tla, "abundancia", por lo que su significado nos dice que es un "Lugar donde abunda la obsidiana". Pensé primero que se pronunciaría la X como sh, pero luego aprendí que  era con Z, aunque escrito con X, y se pronunciaba con S. Una ligera confusión de consonantes pero al final un nombre fuerte y una historia profunda.

 Sí has leído al menos un centenar de mis artículos... por cierto, ya casi llego a los 1500, sabrás que me da por guardar cosas, sean piedras, que objetos, que revistas y, gracias a ellos, he ido dando con más y más información. Fue así como, casualidades de la vida, el mismo día que volví a Salamanca, viendo en una de las muchas cajas donde guardo esas cosas, la primera en aparecer fue una revista Contenido publicada en 1990 en donde viene un artículo sobre Ixtla, la cosa fue, entonces, irme a la terminal de autobuses y enfilar rumbo a Apaseo el Grande para luego transbordar a otro autobús que atraviesa las comunidades del lado oriente de Apaseo y llegué a Ixtla para no dejar de sorprenderme.

 Ixtla fue un pueblo de indios, de esos que fueron congregando para, primero apoyar a los españoles en la penetración de los territorios indómitos de la Gran Chichimeca o el Gran Tunar, luego para construir el Camino Real de Tierra Adentro y ya en la siguiente generación volverse peones de las ricas haciendas que fueron floreciendo en este punto del Bajío entre Querétaro y Apaseo.

 Hasta aquí la historia es común y repetitiva, fue así como la frontera norte de la terra ignota al norte de la gran Tenochtitlán se va desplazando más y más rumbo norte, de Xilotepec pasó a San Juan del Río, luego a Querétaro y Apaseo, seguiría San Miguel y San Felipe para continuar a Ojuelos y llegar a Zacatecas. La ambición de riquezas llevó a los españoles a tres mil kilómetros de distancia de la ciudad de México y el norte se ubicó en Santa Fe de Nuevo México.... pero, ¿que pasó en Ixtla?

 Pasó, dicen unos, que los que asaltaban las conductas de plata que venían de las minas de Guanajuato, estaban asentados en Ixtla y que esa riqueza mal habida para "limpiarla" se transformaba en una capilla dedicada al santo de la predilección del bandido. Dicen otros que es una muestra del sincretismo religioso entre las ideas Otomíes y las Católicas. Sea una cosa o la otra, lo que encontramos en Ixtla, y nos sorprendimos gratamente con ello es, entre otras, la Capilla de "La Pinta". Ejemplo exquisito de arquitectura virreinal mezclada con ese dejo de inocencia que el arte indiano produjo durante el choque de las dos culturas.

 "La capilla familiar de La Pinta fue restaurada completamente de 1997 a 2002. La pintura mural del edificio es la más representativa de San Miguel Ixtla y muestra cuatro escenas del calvario de Cristo: la primer escena es la Oración del Huerto (donde vemos la representación pame de la Madre-Luna y el Padre-Sol). la siguiente nos muestra a Jesús Encarcelado siendo consolado por los ángeles, la tercera imagen es un Ecce Homo y la última el Monte Calvario; también vemos ángeles e instrumentos musicales en la primer bóveda y querubines en la segunda, una cenefa corrida que presenta varios animales (venados, pájaros, coyotes, conejos) e iglesias o pequeños templos y, en las jambas de las puertas representación de personajes a pie o a caballo.

 "En el Ecce Homo y en las jambas de la puerta aparecen los indígenas; de éstos observamos dos tipos: los vestidos y los desvestidos. Los primeros visten túnicas de manta características de los otomíes, mientras que los segundos adornan sus cabezas con plumas y cubren su cuerpo con taparrabos. Evidentemente estas imágenes nos hablan de dos personajes: los otomíes (los vestidos) y los chichimecas (los desnudos). Así, podemos decir, que las pinturas nos están hablando de que los ixtleños entienden el origen de su pueblo a partir de estos dos grupos. Por los datos anteriores hoy sabemos que la capilla se construyó a finales del siglo XVIII". (Tomado de la ficha informativa que hay en la capilla).

 Demos paso, pues, a las imágenes que nos dicen mucho más de lo que yo te pueda contar, y, mañana, seguiremos viendo el impresionante pueblo de San Miguel Ixtla, municipio de Apaseo el Grande, estado de Guanajuato... en el mero Bajío.















3 comentarios:

  1. Increíble lugar, Benjamín. Cómo siempre, un placer seguirte en tus aventuras.

    Saludos.

    ATTE:Christian Barrón Uribe

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  2. wow!! Yo vivo ahi en Apaseo el grande y apenas este año tuve la oportunidad de ir y en realidad me quede impresionado con todo lo relacionado con Ixtla.
    Ahi vivieron Chichimecas y Otomies, pero tengo una duda.
    ¿Es verdad que hay una piramide enterrada entre los cerros de Ixtla?
    Saludos.

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