lunes, 22 de abril de 2013

Por la zona maya de Quintana Roo.

    Será que la publicidad turística de Quintana Roo se ha avocado a promocionar las bondades que sus centros de playa ofrece (que sin lugar a dudas son maravillosos) o será que nosotros, los que ejercemos el santo (casi sagrado) oficio de turistear por México no nos informamos adecuadamente y sólo llegamos a ejercer la idea de que para descansar hay que tirarse en un camastro en la playa, beber un poco o un mucho de etiles, y dejar que pase el tiempo.... ¡craso error! Vamos llegando al corazón de la zona maya de Quintana Roo: el pueblo de Felipe Carrillo Puerto.

    Siguiendo unos 80 kilómetros al sur de Tulúm se localiza esta población, Felipe Carrillo Puerto, cabecera del municipio del mismo nombre en donde se localiza una de las más grandes concentraciones de pueblos pertenecientes a la etnia maya, lo más común es oír esa lengua y ver a la gente que mantiene sus usos y costumbres. En la plaza se localiza el monumento al que fuera gobernador del Estado de Yucatán, que implantó un sistema socialista y que fue el primero en velar por los intereses de los mayas. "No dejes solos a mis indios" es una de sus frases.

   Llama la atención la iglesia que se levanta al fondo de la explanada, es de una sola nave, con fachada muy sencilla en la que no hay decoración alguna. Fue aquí en donde se fortificaron los mayas que para mediados del siglo XIX desarrollaron un episodio no del todo conocido por muchos en México, llamado "Guerra de Castas" el cual trajo por consecuencia el tratado de limites entre México e Inglaterra para determinar la frontera con Belice y la creación del Territorio Federal de Quintana Roo. De la población indígena ni que decir, sucedió que suele pasar en nuestro país: fue ignorada y siguió siendo sometida. Los mayas de la región huyeron y se refugiaron en la selva.

    Vemos a un costado de la plaza los remanentes del que fuera uno de los pocos ferrocarriles fue funcionaron en el entonces Territorio de Quintana Roo, el que iba de Vigía Chico a Chan Santa Cruz, pueblo que luego se llamaría Felipe Carrillo Puerto. Para ver más sobre esta línea férrea, entra aquí.

    Veo una muestra de pintura de artistas locales que nos dan una visión local del mundo, ésta es la que más me gustó, es un surrealismo de enormes tintes regionales: una mujer con atuendo tradicional tendiendo la ropa que acaba de lavar, en su tendedero que es sostenido por un globo aerostático, al lado aparece la emblemática ceiba, al fondo la orilla del mar cubierta de nubes... interesante en verdad.

    En la presidencia encuentro este busto se trata de Jacinto Pat, uno de los tres iniciadores del movimiento de rebelión llamado Guerra de Castas. El que hayan sido tres los líderes del movimiento no es cosa de la casualidad, pues de allí derivará algo que es en verdad fascinante: La Cruz Parlante, de ella más adelante te contaré lo que fue y en lo que se derivó. Estando allí me entero de que en una población no muy distante fue otro de los escenarios de la rebelión y que allí hay un museo, así que, pregunto hacia donde me tengo que dirigir y hacia allá me voy.

    Con esto de los usos y costumbres que, viniendo del centro del país, desconozco de esta región, tuve un ligero problema. Llegué al sitio de taxis colectivos que van de Carrillo Puerto a Valladolid, pregunté que sí allí salen los de Tihosuco, no, me dicen, son los taxis que están atrás, solo que hay que esperar a que se junten cuatro personas para salir. Luego me enteré de que no hay que preguntar nada, solo abordar el vehículo que va a Valladolid y pedir la parada en Tihosuco... como quiera me "autorizaron" a que lo pudiera abordar, llegué a Tihosuco.

    Fue una hora de camino, adentrándonos cada vez más en la selva y al centro de la península, el verde en abundancia pero van apareciendo en el camino esos lunares que la tala y la roza (con z) se hacen justo en este tiempo, cuando se prepara la tierra para la siembra del maíz. Si, lo estamos oyendo bien, se tala la selva. Esto no era problema, el problema está en que ahora la población es más numerosa y son más numerosas las talas. En resumen, nuestro problema se llama sobrepoblación. Dejémonos de filosofías y sigamos el recorrido.

    Veo algunas casas señoriales, serán una media docena de ellas, esto me indica que en Tihosuco hubo en algún tiempo prosperidad. Sigo caminando para llegar a la plaza principal...

    Encuentro un monumento a Jacinto Pat, sin lugar a dudas hay un gran recuerdo a él, incluso se mantiene una veneración a su persona.

    Aquí, como en una buena cantidad de antiguas poblaciones del estado de Yucatán, en donde hubo asentamientos de evangelizadores se mantienen la misma idea, una enorme explanada frente a la iglesia pero aquí estamos topando con algo majestuoso...

    Podría afirmar que Tihosuco es el secreto mejor guardado que esconde Quintana Roo. Insisto en algo, el que a mi eso del "living la vida loca" ya pasó, no quiere decir que no siga vigente, pero, haciendo a un lado todas las maravillosas playas que Quintana Roo tiene, estamos ante un verdadero portento en cuando a arquitectura religiosa colonial se refiere: el templo del Niño Dios en Tihosuco, municipio de Carrillo Puerto, Quintana Roo. Es más, creo que el ver este templo bien vale todo el esfuerzo que representa el llegar a esta apartada orilla.... parafraseando a Zorrilla.

    El templo es de una sola nave, es altísimo, y, como fue parte de los escenarios de la Guerra de Castas, éste en algún momento sufrió un ataque, con la consecuencia del derrumbe de parte de la fachada principal pero, el templo no fue abandonado, por el contrario, retomó fuerza y el culto se sigue dando, entrar allí es toda una experiencia, algo que catalogaría como único en México.

    Me llama la atención que en una de las pinturas decorativas aparezca el diablo. El templo y todos sus detalles te lo mostraré más adelante.

    Y para un sano ejercicio arqueológico y de rescate, todas las piezas que formaban la fachada derruida están ordenadas para que, cuando existan los recursos suficientes (quiero pensar que de INAH), se les de un uso adecuado.

    Pero reconstruir este templo acabaría con su encanto.... habrá que analizarlo a profundidad. Mientras, sigamos caminando por Tihosuco, en la zona maya de Quintana Roo.






    Es hora de regresar, espero en la carretera a que pase el colectivo que viene de Valladolid y va para Felipe Carrillo Puerto. En realidad no fue larga la espera, abordo y nuevamente cruzamos por la selva, bueno, por lo que va quedando de selva. 

    En el camino voy viendo algunas capillas en las que está la Santísima Cruz, es decir, la Cruz Parlante, veo que hay pequeñas palapas que funcionan también como capillas, esta que vemos ahora es de la virgen de Guadalupe. Llegando a Carrillo Puerto, pregunto como llegar a Kampocolché Kah, sitio en el que está el Centro Ceremonial Maya. Hacia allá me dirijo.

    Ese lugar es de libre acceso, siempre encontraremos a los guardianes, al General, que es el encargado durante una semana y a sus dos ayudantes, uno de ellos es el Rezandero, me descalzo y entro. El sitio es impactante, de una paz que en pocos lugares se encuentra. De una barroca sencillez al ver las cruces, las velas, los cuencos y una serie grande de decorados que no son los que habitualmente vemos en un templo, es decir, en un templo de los que conocemos. Esta es una visión y una versión distinta a una religiosidad que entremezcla los elementos católicos como lo es la Cruz, con los elementos ancestrales de naturaleza utilizados por los mayas como los cuatro rumbos. Entré en una larga conversación con el General. Me habló de su pensar en torno a la Santísima Cruz. Me transmitió un solo mensaje: el respeto. Me dejó sin palabras su conversación sencilla pero precisa, su acento maya a lo largo de la conversación realizó en mi un cierto poder hipnótico... en buena medida reafirmó ideas que mantengo desde hace mucho: vivir y dejar vivir. Respetar y ser respetado. 

    Luego de la plática le pregunté que si podía tomar una fotografía. No, me respondió, no está permitido. Que Dios te bendiga me dijo y me tendió la mano. Me despedí, lo hice también del rezandero. Me senté para ponerme los tenis, y me preguntó: ¿de dónde me dices que vienes?. De Guanajuato, le respondí. Ah, pues hazlo. Me quedé dudando... ¿qué? pues eso que quieres, tu fotografía. Entré nuevamente en el Santuario y pensé hacer varias tomas. Solo hice una, no me atreví a más. Incluso creo que no la publicaré pues se se me permitió una intimidad de esa dimensión fue por la confianza que hubo en ese encuentro así que esa experiencia me la reservaré, esta vez no la compartiré.

    La noche me agarró en el camión de vuelta a Tulúm... fue cosa de cenar y luego dormir.... y, sobre todo, de rumiar esa conversación en la que imperó un ritmo de cordialidad en el que pocas veces me he sentido envuelto...

Ah, y no nos podemos olvidar que hoy, 22 de abril, es el día de la tierra. Y la tierra en donde había selva cada vez es menor en su extensión. Dudo, honestamente, que esto se termine... el problema es uno: somos ya muchos los que poblamos el planeta.

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