lunes, 16 de diciembre de 2013

De amuletos y buenas fortunas: Portugal.

   Hago dos aclaraciones para aquellos que conocen El Bable de poco tiempo, recordando que dentro de un par de semanas llegaremos a los 5 años de publicación diaria. En los últimos días del año es cuando me doy una licencia, la de incluir artículos que no sean de cosa mexicana pero que de algún modo u otro nos ligan. O, en todo caso porque son cosas que creo tienen una cierta importancia, una cierta curiosidad. Lo de hoy me sorprendió hace poco que, buscando lo del Estrecho de Anián, la Fuente de la Eterna Juventud, las ciudades de Qviria y Cibola, todas leyendas medievales, di por eso que ahora se conoce como "default" con la leyenda portuguesa del Gallo Barcelos.

     Hace algunos años, trece para ser exactos, tuve la oportunidad de conocer algunas partes de Portugal, en Lisboa pasé unos días, vi los fuegos artificiales más espectaculares de mi vida pues coincidió con los festejos de San Antonio de Padua que, bien sabemos, es nacido en Portugal y por tanto su Santo Patrono, recuerdo haber visto esas calles adoquinadas en sus banquetas en blanco y negro y entendí de donde nació esa idea bicolor de las calles de Río de Janeiro. Vi algunos edificios de estilo Manuelino sorprendente, pude conocer, aunque ya con muchos años de retraso las instalaciones de la Expo de Lisboa 98, que no fue Universal, sino Mundial, y allí dentro estaba un por demás sorprendente acuario; el pabellón de Macao aun hacía sus diarias presentaciones. Y una de las cosas que vi por todos lados, en cada tienda de souvenirs, en cada restaurante turístico, prácticamente en cada rincón de Lisboa, fue el gallo, símbolo del país que lleva intrínseco el nombre del gallo como lo lleva Francia (la antigua Gallia) y Galicia.


  Y es hasta ahora, que me entero de cual es el origen de este símbolo y de este diseño que vemos en la imagen. Su origen se va a la Edad Media, al siglo XIII en el que se dice que, en un pueblo que justo tiene por nombre el de Barcelos, ocurrió que un día pasaba un gallego que, fue acusado de haber cometido un robo. Se le condenó a muerte. Al ir  pedir clemencia a las autoridades, éstas que se encontraban por iniciar un banquete, cuyo platillo principal era un enorme gallo asado, no hicieron caso y mandaron al cadalso al peregrino. Este, para probar su inocencia les dijo: cuando estéis por matarme este gallo se levantará y cantará, nadie hizo caso, y justo en el momento en que era arrojado del banco para ser ahorcado, el gallo se levantó y cantó. El peregrino se salvó debido a que el nudo de la horca no estaba puesto correctamente. La leyenda del gallo inició. 

  El Gallo de Barcelos tiene muchos símbolos, especialmente el de la buena suerte, como ocurre en tantos países en donde encontramos una imagen, un diseño representativo del lugar que nos habla de una cierta protección, como en Túnez y su Jamsa o Mano de Fátima, el Nazar conocido por Ojo Turco; el Ekeko del Perú. Pero el Gallo de Barcelos es, además, símbolo de fe, de justicia, de serenidad y de confianza, entre otros. Ahora bien, luego de que conocí Lisboa fui por dos días a Porto una ciudad extraordinaria, de ella sí tengo una foto digitalizada que aparece arriba, en el río Duero poco antes de desembocar en el Atlántico y todas esas naves son anuncios de las distintas productoras del afamado vino de Oporto o Porto o Port Wine. De allí continué a Vigo y luego a la magnífica Santiago de Compostela.

   Y a este es el punto al que quiero llegar y que es el que nos ligará a una cosa que pensaba se había originado en México, como en México fue que se originaron los atrios frente a los templos. Me refiero a las cruces atriales que más bien vamos a ubicar su origen en Galicia, especialmente a lo largo del Camino de Santiago y esta que vemos es eso que nosotros conocemos por Cruz Atrial pero que en Portugal se llaman Cruzeiros, y en Galicia Cruceros. Se trata del Crucero del Gallo o Cruzeiro do Gallo, esto nos dará pie para investigar más y más sobre esa tradición.




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