sábado, 8 de febrero de 2014

Ahora nos toca visitar Tecamachalco, en el estado de Puebla.

   Un día más por los valles de Puebla. Definitivamente el haber elegido Tepeaca para de allí desplazarme por la zona ha funcionado perfectamente. Todos los pueblos están muy próximos, de hecho, hay tramos en la carretera en los que se va sucediendo uno a otro. Esta vez invierto un poco más de tiempo, algo así como 45 minutos para llegar a Tecamachalco. Y aquí valdrá la pena, nuevamente, hacer la aclaración. Hay un Tecamachalco, quizá más conocido, cercano a la ciudad de México, se trata de las Lomas de Tecamachalco, eso es en el municipio de Naucalpan, pero éste por donde andamos es en Puebla.

  Lo primero que veo al acercarme al centro de la población es un monumento a Manuel Ávila Camacho, pensé que él había nacido aquí, pero no fue así, el nació en Tezuitlán, quizá fue benefactor de Tecamachalco y esa es la razón por la cual se le construyó el monumento, eso no lo sé. Al acercarme a la plaza vi un mapa que especificaba la ubicación de los lugares de mayor importancia, eso me facilitó mucho el desplazarme por allí, así que, para cumplir mi objetivo, enfilo primeramente rumbo al ex convento franciscano.

   Todo lo que he visto en estos día me hace pensar lo que fueron esos primeros años de evangelización. Imaginar toda la zona a mediados del siglo XVI, cuando se estaban construyendo una docena de edificios de enormes proporciones, para las que se requerían de cuadrillas de numeroso indios que, si no entendían el idioma, menos aun entenderían el nuevo concepto, el nuevo estilo de edificaciones, tanto las religiosas como las civiles. Seguramente aquello era un caos, un caos organizado.

  La torre comienza a sobresalir entre las casas, la ubicación del convento es próxima a una colina que le da el nombre al lugar pues Tecamachalco se deriva de la palabra camachalli que quiere decir quijada, tetl piedra, y sí, en efecto, eso es lo que parece esa colina que tiene una especie de paredes que, usando un poco de imaginación, asimila una quijada. Llegamos ya al ex convento de la Asunción.

 Al entrar veo unas pinturas extraordinarias, colocadas justo en el sotocoro, entre las nervaduras góticas. Lo primero que se me viene a la mente es que fueron recientemente restauradas, pero no es así, sucede que durante muchos años estuvieron cubiertas por una especie de cielo raso que las protegió, razón por la cual cual han conservado su brillo y nitidez.


 El convento ha sido restaurado en algunas partes, en otras vemos solamente los vestigios, el conjunto es imponente. Lo que fue el portal de peregrinos fue transformado hace algún tiempo en capilla, ahora luce estupenda, toda en blanco y se exhiben algunas piezas. Me parece que las fichas informativas que hay en cada punto clave del ex convento son precisas y, sobre todo muy claras, evitan usar términos arquitectónicos y son entendilbles por completo.












 Ya es mediodía, hace hambre, sigo recorriendo las calles de Tecamachalco, veo varias torres, son al menos cuatro capillas las que hay allí, como una estupendas entomatadas y sigo descubriendo más y más cosas por estos rumbos poblanos... este es el quinto convento que visito en estos días, me faltan tres más, mis expectativas siguen siendo rebasadas totalmente...






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