miércoles, 12 de febrero de 2014

La parroquia de San José Chiapa, en San José Chiapa, Puebla.

  Allá, en Salamanca; allá en mis años juveniles, oía continuamente la frase de que "los viajes ilustran". Ahora, luego de muchos años esa sentencia se está realizando. En efecto, los viajes ilustran mucho; nos hacen ver detalles que luego, al documentarlos, nos amplían el panorama de lo acontecido en algún momento de esa abundante y desconocida (o no del todo difundida) Historia de nuestro México. Así pues, ya en el último día de visita a los valles centrales de puebla, luego de caminar por el centro de Amozoc, luego de engolosinarme con la visita al pueblo de Acajete, llego a San José Chiapa guiado por la referencia que hace un mapa turístico que anota a este sitio como lugar en donde existió un convento franciscano pero, error de dedo, dirían por ahí, (aunque más bien fue error gráfico) pues anotan el lugar erróneamente, allí no hubo convento, pero si hay un templo extraordinario, quizá el mejor que en estos días poblanos he visto: la Parroquia de San José en San José Chiapa.

  Me dijeron que esperara el camión que iba para Teziutlán, sería el que me dejaría en Chiapa, no fue larga la espera y el camión fue prácticamente directo hasta allá pues no entró en los dos pueblos que hay en el camino: el de Nopaluca y el de Grajales, mucho menos por Tepetzala. Fueron al rededor de 40 minutos de trayecto, de pronto apareció al lado oriente el pico del Pico de Orizaba, a pesar de la bruma se veía claramente, aparece, también del lado oriente el lugar en donde se está construyendo la planta de autos de marca Audi, estamos ya próximos a Chiapa en términos de los terrenos que fueran de la próspera hacienda de Ozumba.

  Al aproximarnos al pueblo, destacaba en mitad de una llanura, las torres de un templo, de un intenso color café rojizo. De inmediato dudé que allí hubiera sido un convento franciscano del siglo XVI pues el estilo de construcción era el característico de la mitad del siglo XVII y la construcción al lado, pintada del mismo sólido color, nada tenía que ver con la tradicional arcada de una portería conventual que, regularmente, se ubicaba a la derecha del templo. Estando ya en el atrio me sorprendió la barroca sencillez de la portada... si es que pudiera haber sencillez en lo barroco, este sería un buen ejemplo.

  Un par de columnas del estilo estípite son las que dominan cada lado de la puerta principal, encima hay una placa que no alcanzo a leer pues está labrada sobre mármol y la intensidad de la luz y lo blanco de la piedra anula mi visión, encima la ventana del coro y un par de columnas a los lados, todo esto va siendo rematado con un escudo de la Corona española, coronado todo el conjunto con esa especie de almenas cuyo resultado total es una portada de sobria elegancia.

  El color intenso, sólido, fuerte, contrasta intensamente con el blanco que hace destacar aun más los ornamentos en las columnas. En ellas encontramos detalles sorprendentes...

Como el escudo de la familia Palafox y Mendoza, de un lado...

Y el escudo del obispo Juan de Palafox y Mendoza, con su lema "Crucifixvs est Amor Mevs"

  Al ver esto surge de inmediato la duda, queremos saber la razón por la cual el escudo de este personaje que llegara a ser temporalmente Virrey de la Nueva España y concentrar los seis cargos más importantes que entonces había, todos en su persona. ¿Por qué precisamente aquí? Pues bien, la historia es larga, hagámosla corta.

  El ahora Beato Palafox llegó a Nueva España en junio de 1640 con el título, entre otros, de Obispo de la diócesis de Puebla. "Habría que decir en primer lugar que el número de investiduras de Palafox y las tareas concretas que la corona le había encomendado, contribuyeron a que el obispo se convirtiera en un foco, si no de desestabilzación, sí de desequilibrio en la vida política novoshiapana. Palafox fue el primer personaje colonial en haber concentrado en su persona al menos cinco nombramientos civiles y eclesiásticos de primera importancia. Si reparamos sobre todo en sus cargos de visitador y obispo encargado de la secularización de las parroquias en Puebla, podemos implicar el peso político real de Palafox en la coyuntura". (1)

  Por suerte este escudo de la Corona española, sobrevivió al decreto promulgado luego de la consumación de la Independencia en 1821, en el que se decretaba que todo escudo español debía ser retirado de los edificios públicos. Pues bien, la encomienda que traía el obispo Palafox, esa de la secularización de las parroquias tenía una razón económica, pues los diezmos que pagaban los habitantes de Nueva España no iban a dar a las arcas del rey, sino que se quedaban en las arcas de franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, hipólitos, betlemitas, junaninos, camilos, filipenses, antoninos, carmelitas, mercedarios y teatinos. Esta lista incluye 13 de las ordenes religiosas establecidas, quizá había alguna otra. De ellas, cinco eran las más importantes por el número de frailes congregados, y por el número de templos, por lo tanto de ingresos de diezmo que tenían. La metrópoli requería de más dinero, la oportunidad de obtenerlo la vieron en los diezmos que, si los colectaban ellos y no la Iglesia, tendrían el capital para soportar los compromisos que en España, la corona tenía, especialmente el mantenimiento de las continuas guerras.

  Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Jesuitas y Carmelitas era el objetivo pues ellos eran los que concentraban la mayor parte de los ingresos vía Diezmo. Al secularizar las parroquias, es decir, dárselas al clero regular, la Corona obtendría al menos dos novenos del Diezmo, que, sumado con la cantidad de tributarios se volvería un ingreso respetable. Palafox se puso manos a la obra y con la mayoría de las ordenes, dentro de sus votos de obediencia y (aparente) humildad, fueron aceptando esa nueva disposición, pero chocó contra la pared cuando tocó el turno a los padres Jesuitas, los cuales no aceptaron que sus ingresos fueran menguados.

  Todo esto ocurrió desde la llegada del obispo Palafox a Puebla en 1640, casi dos años estuvo trabajando en esa secularización. "El hilo de continuidad en la política de Palafox da la impresión de no haberse roto antes y después de estallar el asunto jesuítico en Puebla. Entre 1643 y 1645, Palafox se había apuntado un triunfo con el fallo de la Audiencia en favor que la diócesis conservase el derecho de los diezmos sobre las propiedades cedidas a las órdenes. Y el problema con los jesuitas de 1646 a 1648 se originan precisamente en los destinos que debía darse a los diezmos producidos en las fincas enajenadas en favor de la Compañía". (2)

  Así pues, el conflicto se agrava, ahora no era solamente la secularización y la consecuente pérdida de ingreso por los Diezmos, sino que Palafox prohibe a las órdenes religiosas el predicar y confesar, cosa que recrudece el conflicto que se venía dando entre sus disposiciones y los padres jesuitas. Es en esa época que se acuña una frase por demás interesante y reflexiva: "Teniendo Vuestra Excelencia al Jesús de compañía, no lo vencerá la Compañía".

  Palafox se desempeñaría como Virrey de Nueva España entre el 10 de junio y el 23 de noviembre de 1642, cinco meses y medio, sería el punto de enlace entre el virrey Diego López de Pacheco Cabrera, el cual fue destituido de su cargo a aprehendido, precisamente por Palafox y Mendoza, y remitido a prisión en Texmelucan para luego ser enviado a España bajo sospecha de infidelidad a la Corona. Luego entregaría el cargo al nuevo virrey enviado desde España, García Sarmiento de Sotomayor; con el cual se enemistaría pues el Virrey dio su apoyo a los jesuitas.

  "El gran rompimiento entre la diócesis y los jesuitas comenzó en 1647, precisamente con Pedro de Velasco a la cabeza de la provincia. El asunto se desarrolló a partir de dos problemas jurisdiccionales: el de los diezmos -que como se vio se remonta mínimamente hasta 1643- y el de las licencias para predicar. Ya en 1646, Palafox había escrito al padre Vicencio Garrafas, general de la Compañía, quien le dio la razón al obispo en el asunto de los diezmos. Velasco, sin embargo, no compartía la opinión de su superior". (3)

  El pleito estaba  la vista de todos, la sociedad se había ya polarizado, unos a favor del obispo, otros estaban del lado de los padres jesuitas y sucedió que, en ese tiempo, igual que en el actual, las habladurías y chismes crecieron a tal dimensión que el obispo comenzó a recibir amenazas de muerte que, se intuían, venían si no de parte de los jesuitas, si de las personas que estaban a su favor, es entonces que Juan de Palafox y Mendoza decide salir de Puebla y refugiarse en Chiapa, que era una venta establecida en el camino real de Puebla a Veracruz. Allí en la pequeña capilla se dedica a escribir, leer y reflexionar.

  "El escándalo crecía. El virrey (conde de) Salvatierra convocó a una junta para el 14 de junio de 1647, en busca de un avenimiento. Palafox llegó a temer por su vida, e inopinadamente desapareció de Puebla, el 17 de junio, para refugiarse, al parecer, en San José de Chiapa". (4)

  "Un breve papal de Inocencio X -fechado el 14 de mayo de 1648- inclinó la pugna jurisdiccional en favor de Palafox. El papa reconoció la legitimidad de las demandas del obispo sobre diezmos y licencias. Sin embargo, en la corte española Palafox perdió terreno, y Felipe IV ordenó que regresase a España, cosa que hizo el prelado en mayo de 1649, no sin antes inaugurar la catedral en Puebla". (5)

  Esa es, pues, la razón por la cual, en la parroquia de San José de Chiapa, encontramos tantas simbologías asociadas con el que fuera obispo de Puebla, y ahora Beato en proceso de canonización, Juan de Palafox y Mendoza. Observa con atención el detalle que hay en la cruz de la torre:

   Y si crees que este templo es una verdadera maravilla, espera a ver su interior, en el cual el altar mayor está labrado sobre onix, algo que hay que ver para creer.






Fuentes:

1.- Rodríguez Kuri, Ariel. Juan de Palafox y Mendoza: La subversión institucional. Publicado en el Repositorio Institucional de la Universidad Veracruzana. p.194

2.- Ibid. p.201

3.- Ibid. p.202

4.- Ibid. p.204

5.- Ibid. p.205

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