jueves, 13 de febrero de 2014

Llegando a Veracruz por las cumbres de Acultzingo.

  Han sido días muy intensos, de no parar de 8 a 8, templos, templos, más templos, y sus respectivos conventos también. Veo que hay más localizados en los valles próximos a los volcanes, pero eso sería alejarme de la ruta que tenía marcada. Veo que hacia el norte del estado de Puebla nombraron ya varios pueblos como Mágicos: Tlatlaquitepec, Chignahuapan, Zacatlán, Xicotepec, Pahuatlán  y Cuetzalan. Y hay dos zonas arqueológicas que me gustaría conocer: Cantona y Yohualichan, y el Parque de las Piedras Encimadas, mucho, mucho que ver hacia el norte pero... tengo una ruta trazada, dudo aun si me desvío un poco y llego a Tehuacán, para ver aquel que fuera el primer Spa construido en México, pero no, ese no es el plan trazado.

  Mejor me dejo de cosas, pensé, y sigo lo trazado, así que, luego de ardua labor de acomodo en la maleta, solo lo limpio, dejo la ropa sucia en la back pack y acomodo lo mejor posible los libros que son los que más peso hacen una vez que se van juntando, salgo hacia la plaza de Tepeaca, allí es donde paran los autobuses, tendré que ir hasta un punto que está luego de Morelos Cañada en donde hay un entronque de la carretera que va de Tehuacán a Orizaba, allí transbordaré en un camión que me lleve a Córdoba, que es mi próxima escala, según lo planeado.

  Ya no veo tantos pueblos concentrados, como en el valle de Tepeaca, una vez que pasamos Tecamachalco el panorama comienza a cambiar un poco, creo hay otro tipo de cultivos... sigo viendo los arcos de las fiestas patronales de pueblos y ranchos, definitivamente esa es una tradición muy arraigada. Hago la recapitulación de estos días: 7 conventos y, al menos dos docenas de templos visitados. Son 1600 las fotografías que logré, tengo mucho material para compartir en los próximos meses.

  Me da gusto que ahora sí logré deshacerme de mi afición, casi obsesión, de incluir cerveza en la comida y cena, ahora ya no tomo, me siento mejor, menos pesado, el objetivo es bajar de peso, regresar a la talla 32. Me rebotan en la cabeza varias escenas vistas en estos días. Estoy en México y, en ocasiones siento estar en otro sitio, en otro tiempo, será pro el ritmo que se lleva en la vida de estas localidades, sigo admirando el panorama que, de pronto, en una curva comienza a tomar tintes dramáticos:

  Como este que vemos en la toma cuando el camión se dirige rumbo a Chapulco, unos kilómetros antes de llegar a ese punto me bajo, el otro camión espera a todos los que vamos a transbordar, pero mis maletas quedaron muy adentro del camión, me tengo que meter en la cajuela, las saco y el otro camión arranca, afortunadamente desde niño aprendí a chiflar al modo rancho, bien fuerte, me oye el chofer, le grito que voy a Córdoba, se detiene... como ha pasado el tiempo, me agito con facilidad al tratar de correr, más aun con el peso del equipaje, las ruedas no funcionan entre la tierra, como quiera ya estoy adentro del otro autobús y queda un sólo lugar, en el fondo del camión, apenas cinco segundos luego de sentarme comienza el descenso, de los 2300 metros en que están los valles de Puebla, comenzamos a bajar, se trata de la barranca o Cumbres de Acultzingo, las curvas se suceden una a otra, es impresionante ver la diferencia de alturas...

  Los oídos se me tapan... Tecamachalco está a 2,055 msnm, el pueblo de Acultzingo está a 1,300 msnm. Córdoba a 850 metros sobre el nivel del mar.... es decir, en media hora bajamos 1250 metros, pero los primeros diez minutos es una bajada intensa de 755 metros y esto es lo que se ve por allí:




















  Y llegamos ya a los trópicos, la vegetación cambia, el clima cambia, ya puedo sacar mis bermudas... bueno, no aun, pues está pronosticado un nuevo frente frío...

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