domingo, 25 de enero de 2015

El Camino Real de Tierra Adentro y su Santa Hermandad: La primera Policía Rural de México.

     El título me sigue sorprendiendo. Eso de Santa Hermandad en los primeros años del Virreinato me suena a una cofradía más, a una de esas asociaciones piadosas o, en todo caso, temerosas de los horrores del purgatorio y del infierno que, asociadas buscaban compensar de algún modo los horrores en la otra vida tratando de llevar una recatada vida en esta vida terrena. Pero no es así, la Santa Hermandad era una especie de policía, más concretamente una policía rural que se estableció en Nueva España a imagen y semejanza de algo que en la vieja España se había implementado al finalizar la Edad Media. "Se conoce como Santa Hermandad a un grupo de gente armada, pagada por los concejos, para perseguir a los criminales. Fue instituida por Isabel la Católica en las Cortes de Madrigal de 1476 (siglo XV), unificando las distintas Hermandades que habían existido desde el siglo XI en los reinos cristianos. Es, posiblemente, el primer cuerpo policial realmente organizado de Europa. Fue disuelta en el año 1834, en que por el Estamento de Próceres votado en Cortes fue decretada su extinción total, habiendo sido para entonces reemplazada por la Superintendencia General de Policía creada en 1824 como órgano director de la Policía General del Reino, con el precedente del Ministerio de Policía General establecido por José Bonaparte. Esta institución, tras haber desaparecido y haber reaparecido posteriormente con diversos nombres y bajo distintas dependencias, puede considerarse la antecesora de las actuales Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado". (Wikipedia.)

    Quizá esto de los asaltos en los caminos no le tocó vivir al primer Virrey de Nueva España, pues en su gobierno, que fue de 1535 a 1550, Antonio de Mendoza; pero sí al segundo, Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón, ya que de 1550 a 1564 que gobernó fue cuando esa inseguridad por el camino que ya estaba bien definido y con el nombre de Tierra Adentro que, a sabiendas que en la Vieja España esos asaltos fueron cosa común en el siglo XV, implementaron acá lo que allá, un siglo antes se había creado como policía rural, con el nombre de Santa  Hermandad.

    "Los caminos de la Nueva España estaban infestados de ladrones; apenas de una a otra cercana población se podía transitar y eso con gran peligro, porque los bandidos atacaban sin distinción a pobres y ricos. Hasta entonces sólo de la policía urbana se tenía en la colonia una vaga idea, y esto en las ciudades de importancia; pero ninguna disposición se había dictado para dar seguridad a los viajeros, concentrándose los gobernantes con hacer aranceles de ventas y mesones, y procurar que los caminos  más frecuentados se estableciesen pasajes para los que iban a viaje. Velasco (padre) quiso emprender la obra de perseguir a los ladrones, y para ello, acertadamente, estableció en Nueva España la institución que  en la metrópoli tenía el nombre de Santa Hermandad, señalando como presidente de ella a dos alcaldes de mesta; y tan buen éxito alcanzó con esa disposición, que muchos saltadores fueron presos y ejecutados y se restableció la seguridad de los caminos. A esas fuerzas de la Santa Hermandad y a la cárcel y edificio para asiento de sus juzgados en México, se les llamó Acordada, y hasta hoy (último cuarto del siglo XIX), en algunos Estado de la República existen tropas que llevan por nombre de Acordadas." (1)

    Sobre la Acordada, leemos que: "Para poder combatir el crimen, el alcalde provincial y juez de la Acordada fue dotado de una serie de facultades que sólo podían ser revocadas por el virrey. No tenía que rendirle cuentas a nadie –ni a la sala del crimen de la Real Audiencia- y sus sentencias eran inapelables –disposición que fue aprobada por el rey y dictada de acuerdo con la Audiencia, de ahí el nombre de Acordada. En un principio funcionó como tribunal ambulante. El capitán marchaba acompañado de sus comisarios, de un escribano, un capellán y el verdugo. Una vez capturado el asaltante se le juzgaba in situ, se hacía constar la identidad de la persona, el delito cometido y enseguida era ejecutado. El cadáver quedaba colgado para escarmiento de otros delincuentes. Durante las administraciones de algunos virreyes, se intentó disminuir las facultades de la Acordada pero de inmediato comenzaban a ser frecuentes los homicidios, los robos y las lesiones, incluso dentro de la propia ciudad de México, por lo que el severo tribunal recuperaba sus atribuciones". (Wiki México.)

   Y el Camino Real de Tierra Adentro nos sigue sorprendiendo con su intensa, profunda Historia, sigamos recorriéndolo.

Fuente:

1.- Riva Palacio, Vicente. México a través de los siglos. Tomo V. Editorial Cumbre. México, 1986. p.139

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