domingo, 26 de abril de 2015

Plaza Santo Domingo, otro de los sitios imperdibles en tu visita a la ciudad de México.

   De la esta plaza hemos hablado mucho, quizá hemos sido demasiado reiterativos en aquello de que este era el punto de partida del Camino Real de Tierra Adentro, pero no solamente era el kilómetro cero, (mejor dicho la legua 0), pues igual el camino a Veracruz y el de Acapulco de aquí partían ya que la Aduana se encontraba en el lado oriente de la plaza y allí era verificada la mercancía que llegaba del Oriente en la Nao de China, (que ni era nao ni venía de China), se contabilizaba, se clasificaba y de aquí partía a Veracruz para embarcarla luego a España. A dónde ahora nos enfocamos es a su belleza arquitectónica.

   Una de las Ordenanzas de Felipe II fue aquella en la que estableció, casi al finalizar el siglo XVII, que toda población de la Nueva España debía tener una plaza en donde, en uno de sus cantos estaría el poder religioso, en el otro el civil, en uno más los portales en donde se realizaría el comercio, sería ese el centro del poblado y las calles partirían de allí, era, en buena medida, un paso firme a la realización de la ciudad utópica. Si bien, en la ciudad de México había una plaza mayor (el Zócalo), sería Santo Domingo la plaza en la que la real ordenanza podemos visualizar mejor en nuestros días.

   Se requiere de todo un día para caminar el rumbo que nos lleva de salto en salto, de sorpresa en sorpresa, de edificio en edificio a una serie de obras magníficas de la arquitectura virreinal. Originalmente en la plaza estaba, creo al centro, una fuente, no de ornato precisamente, sino de abasto de agua para ese barrio. Esta sería transformada luego en un monumento que estaba coronado con el águila que devora a la serpiente y se posa en un nopal, diseño de Agustín Paz, será bueno saber en qué año se colocó. Sería luego sustituida por una de las varias estupendas esculturas de Jesús Contreras para rendir honor a la Corregidora, doña Josefa Ortiz de Domínguez y el águila “volaría” pues fue colocada dentro de lo que era la propiedad del convento que fue transformada en la –dicen- calle más absurda del mundo- llamada Leandro Valle y que “no va a ninguna parte y no viene de ninguna”.
   
    La plaza sería jardín durante algún tiempo, luego volvería a lo que fue originalmente diseñada: una plaza. En la cara norte se levantaba el convento de Santo Domingo, el cual, con la suficiente saña derivada de las Leyes de Reforma, fue demolido. “El 2 de julio de 1526 llegaron a México un grupo de misioneros dominicos encabezados por fray Tomás Ortiz. Provisionalmente fueron instalados en el convento de San Francisco, hasta fines del mismo año en que pasaron a ocupar una casa que les cedió la familia Guerrero y que estaba ubicado en donde más tarde fue la Inquisición”. (1) Fue en 1575 que el recinto dominico fue inaugurado, la obra diseñada por el arquitecto Francisco Becerra era magnífica. Sería luego reedificado por otro arquitecto, Lorenzo Rodríguez, cosa que ocurre en 1736.

   “La minería hizo a México a fines del siglo XVIII, una de las ciudades más opulentas del mundo. El comercio exterior entre Acapulco y las islas Filipinas; Veracruz con Europa y Asia y otros puertos con las Antillas y poblaciones de la américa, produjeron fantásticas ganancias a la corona española. A esto había que agregarle las exportaciones e importaciones que hacía el comercio de la nueva España, mayor era el monto de los caudales recibidos. Pero, no faltaron los malos funcionarios, que comenzaron a cobrar acabalas, y excesos de impuestos, etc. Ya desde antes, los piratas y contrabandista comerciaban con los habitantes de las costas en grandes cargamentos de palo de tinte o maderas de construcción, con la venta de esclavos africanos y otros artículos. La Armada de Barlovento fue impotente a contener estos males que perjudicaban a la Real Hacienda. En 1731 el virrey don Juan de acuña, marqués de Casa fuerte controló y moralizó la administración evitando así, tanta “fuga”. Anteriormente las oficinas se encontraban en una de las casas de la marquesa de Villamayor en las calles de Puente de la Aduana (Avenida 5 de Febrero) y posteriormente fueron trasladas al edificio de la Plaza de Santo Domingo con el título de Real Tribunal del Consulado, ocupando a parte sur de éste Palacio”. (2)

   "En la cara poniente, donde se construiría el portal para el comercio, con el tiempo –ya en el siglo XIX- se volvería el punto de la producción epistolar, allí se ubicarían los llamados “Evangelistas”. “Sentados frente a una mesa, un tintero, varias plumas, papeles de distintos tamaños y colores; a los lados dos sillas con asiento de tule, dedicados a escribir correspondencia particular o escritos para el gobierno. Llegaba la mujer del pueblo para que le escribiera una carta a su marido ausente; el ranchero para pedirle a su compadre le enviara el ganado; el soldado para avisarle a su familia que salía a la campaña del Yaqui; el que solicitaba empleo; los que querían enviar escritos oficiales al gobierno y sobre todo, la de los enamorados que empezaban así: “…desde el primer momento que te vi…” (3)

   En la esquina de la actual República de Brasil y la que fuera la calle de la Perpetua, está el edificio de la Inquisición, casa “chata” del centro histórico, más leyendas que sucesos reales se cuentan de ese sitio, en la actualidad está allí establecido el Museo de la Medicina, siguiendo por esa calle “absurda” se localiza otro museo, el del SNTE, en lo que fuera el convento de Santo Domingo.

   Por allí encontramos la fuente desplazada del “aguilita”, a un costado del templo está otra sección de los evangelistas, una vez que andaba por allí fui testigo de una escena sublime: caía una lluvia ligera, la luz era más bien poca aunque era media tarde, me guarnecí debajo de esa extensión de portal, de pronto un violín magistral comencé a escuchar, la melodía, deliciosa, salía detrás de uno de esos locales de madera en donde los impresores ofrecen sus servicios, la tarde se volvió abrumadoramente fantástica…













Fuentes:

1.- Casasola, Gustavo. Seis siglos de historia gráfica de México 1325-1976. Tomo 1. Editorial Gustavo Casasola. México. 1979, p.102

2.- ibid. Tomo 2, p.328

3.- ibid. tomo 4, p.1106

No hay comentarios:

Publicar un comentario