miércoles, 9 de diciembre de 2015

Algunos datos de don Alonso de Villaseca

  Quizá el nombre te sea familiar, de él hemos dado cuenta en este Bable en varias ocasiones, todas asociadas con templos y con el culto a la imagen de Cristo pues fue él quien trajo a México cuando se comenzó a llamar Nueva España, tres Cristos que a lo largo del tiempo se volvieron los más conocidos y venerados en nuestro país, hay uno que lleva su nombre: El Señor de Villaseca, se localiza en el mineral de Cata en Guanajuato; el otro tuvo enorme veneración en el siglo XVII y XVIII, es conocido como el Señor de Santa Teresa, de él hay una historia larga y llena de pasajes muy del estilo de la época en la que los pleitos por mantener ciertas imágenes religiosas llegaban casi casi a las armas. Uno más, se dice que es el de Chalma, del cual no tenemos que decir más pues es bien conocida su historia, o al menos su veneración.

  Y luego de andar buscando datos del personaje, los encontramos, datos intensos que nos dicen que, efectivamente fue si no el más, uno de los más ricos del siglo XVI novohispano, riqueza que se dio en la explotación de las primeras minas y en la agricultura, además de, según lo veremos en la siguiente imagen, en la participación de la venta de esclavos. Debemos agregar algo más a la larga historia de don Alonso, pues sin saberlo, gracias a él la Universidad tuvo su primera sede.

  “En primer lugar, resulta significativo que la Universidad haya funcionado en las “casas principales” de una familia prominente como la de Gómez Dávila-Guerrero, y que esto no haya quedado registrado más que en las obras de Sigüenza y Góngora escrita casi siglo y medio más tarde. Más aún, si se tiene en cuenta que el hijo mayor de este matrimonio, Agustín Guerrero, se casó con Mariana Villaseca, la única heredera de don Alonso de Villaseca, comerciante de cacao y minero, el hombre más rico de Nueva España en el siglo XVI. Alonso de Villaseca era pariente de Francisco Cervantes de Salazar, llegó en 1551 y vivió cuatro años en casa de su primo, posteriormente no se sabe que dificultades hubo entre ellos pero Villaseca lo demandó por gastos de manutención. En consecuencia, por lo menos resulta llamativo que Cervantes de Salazar, primer catedrático de retórica y figura prominente del círculo universitario, en ninguna de sus obras mencione que la Universidad iniciara sus actividades en las “casas principales” de la destacada familia con que estaba emparentado.” (1)

  “Alonso de Villaseca era originario de Arcicollar, un pueblo cercano a Toledo, se ignora el año de su arribo a Nueva España pero se cree que fue antes de 1540. “Aquí contrajo matrimonio con Doña Francisca Morón, hija de padres acaudalados. Llegó a ser hombre excepcionalmente rico. Poseía la hacienda de labor y ganado mayor y menor en lo que ahora son los estados de México y ricas minas en Zacualpan, Pachuca, Ixmiquilapn y Zacatecas. Su caudal se estimaba en millón y medio de pesos y las rentas en unos ciento cincuenta mil ducados. […] Dotó en 1553, en la Universidad la cátedra de Escritura Sagrada; en 6 de noviembre de 1572 cedió a los miembros de la Compañía unos solares, para que edificasen su colegio bajo la advocación de San Pedro y San Pablo […] Murió el 8 de septiembre de 1580 en su hacienda de minas de Ixmiquilpan dejando una hija única, Mariana que había casado con Agustín Guerrero, hijo de Juan Guerrero Luna.” (2)

  Un poco al norte de la ciudad de Querétaro, adentrándose hacia el actual estado de Guanajuato, Alonso de Villaseca contaba con algunas enormes propiedades. “También se otorgan las primeras mercedes de tierras a finales del siglo XVI, la principal de ellas fue a don Alonso de Villaseca, peninsular acaudalado que es recordado como el gran benefactor de la Compañía de Jesús en Nueva España y fundador del mayorazgo Guerrero Villaseca, familia que poseyó gran parte del actual territorio municipal hasta mediados del siglo XIX, en que fue enajenado. Pertenecieron a ellos los sitios de El Capulín, El Jovero, Las Cabras y San Juan de los Llanos entre otros. Esta última estancia, la de San Juan de los Llanos, es precisamente el sitio donde se fundó San José en el siglo XVIII, y que al ser abandonado, sus ruinas dieron el nombre de Casas Viejas, como lo mencioné párrafos arriba; prueba de ellos es la escritura de arrendamiento fechada en 1734, donde el poseedor del mayorazgo Guerrero Villaseca la otorga a favor del Marqués de Buenavista: “otorgo en arrendamiento a don Mateo Fernández de Santa Cruz, marqués de Buenavista las tierras de El Jovero, El Saucillo, Las Cabras, Carbajal, Ojo de Agua de Diego y la estancia de San Juan de los Llanos, con sus casas y los aperos...” ( 4).

  Y lo vemos también por Jilotepec, Estado de México. “Después de algunas vicisitudes que precedieron a su establecimiento en la ciudad de México, los jesuitas quisieron fundar un colegio en esta ciudad. A ello se prestó generosamente el rico benefactor don Alonso de Villaseca (señor de ganados de Jilotepec), con un donativo de 40 000 pesos y unas casas en donde, en efecto se levantó el Colegio de san Ildefonso. Parte de dicha cantidad debía servir para el sostenimiento del colegio, por lo que el padre provincial pensó comprar unas tiendas en el Portal de Tejada que generaran rentas o bien prestarla con interés a algún particular o institución. Villaseca, “viejo sagaz”, desestimó estas opciones y aconsejó a los jesuitas la compra de haciendas de campo que estuvieran en no muy buen estado, pero que fueran susceptibles de mejorar con su atención y trabajo. Como escribió el padre Baquero, “este consejo valió más que la fundación”, pues en pocos años los jesuitas llegaron a tener fama de excelentes administradores de fincas rústicas y de poseer las mejores de éstas propiedades” (5). 

Fuentes:

1.- González y González, Enrique. Permanencia y cambio: Universidades hispánicas, 1551-2001. Volumen 2. Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial, UNAM, México. p. 55

2.- Millares Carlo, Agustín. Cartas recibidas de España por Francisco Cervantes de Salazar, México, Antigua Librería Robledo, 1946. p. 20-21 (como referencia en el mismo escrito.)

3.- Porras Muñoz, Guillermo. El gobierno de la ciudad de México en el siglo XVI. pp. 306-309 (como referencia en el mismo escrito).

4.- Ferro Herrera, Miguel. San José Iturbide. Colección de Monografías Municipales del Estado de Guanajuato. Bicentenario, 2010. p. 14

5.- Lara Bayón, Javier. Arroyozarco: puerta de tierra adentro. Instituto Mexiquense de Cultura. Toluca, 2003. p. 50


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