domingo, 12 de marzo de 2017

Descripción que hace Ajofrín del Camino Real entre México y Querétaro, 1764

  Caminaba por la calle de Orizaba, en CDMX, pues quería ver que tenían en una librería de viejo que hay allí, encontré lo que no pensé encontrar, además el libro nuevo, de esos que se quedaron en bodega desde que fue publicado, edición de 1964. Ni más ni menos que el diario de viaje de fray Francisco de Ajofrín, el fraile perteneciente a la Propaganda Fide que fue enviado a la América a colectar limosnas para una ambiciosa empresa que los franciscanos tenían para levantar un monasterio de la mencionada organización en el Tíbet, sí lo estás leyendo bien, el Tíbet. Era 1763 cuando llega a Nueva España, desde antes de embarcarse lleva su Diario, el cual no ofrece un testimonio inigualable de lo que había entonces en México.

  Buena parte de México recorre Ajofrín, y anota todo lo que va viendo, esto que a continuación comparto es el recorrido que hace de la ciudad de México a Querétaro, lleva el derrotero del Camino Real de Tierra Adentro, toma atajos, se tiene que regresar en un tramo pues ocurre una tormenta y, lo mejor de todo, es que si conoces ese tramo, muchos de los lugares te serán familiares, al menos en sus nombres, pues buena parte de la autopista México-Querétaro es, en paralelo, le trato del Camino Real. Estoy seguro que disfrutarás mucho el relato.

  “Salí de México el día de San Deogracias, 22 de marzo, año de 1764, y habiendo dicho misa en el altar de Nuestra Señora de Guadalupe y tomando con humilde reverencia la bendición de Nuestra Reyna, tomé el camino por los arcos de la cañería famosa de Guadalupe, a causa de estar inundado el campo con la creciente de las lagunas; pasé por la iglesia de Santa María de Ticomán al pueblito de San Bartolomé de Naucalpan, al pueblo de Tlalnepantla, tres leguas; era este pueblo en tiempo de la gentilidad corte populosa y recreación de Moctezuma, y aquí se labraban las alhajas de oro y plata y se hacían fundiciones de todo género de metales para joyas y otras preseas. En el día aun perseveran algunos rastros, pues se funden piezas de bronce, como campanas, clavos, quiciales para ciertas, mangos de cuchillos, etcétera. Poco ha era doctrina de reverendos padres otorgantes, administrada por catorce o quince religiosos; hoy está reducida a un solo cura secular, con tres vicarios, en detrimento gravísimo de las almas, como todos lo lloran y se deja discurrir. El convento era muy pulido, con una espaciosa puerta y bellos jardines, que ya se va todo arruinando; la iglesia es magnífica y espaciosa, con un hermoso atrio, adornado de árboles corpulentos y frondosos

De aquí al rancho de San Rafael de Barrientos, a la venta de Casablanca, San Pedrito, a comer al pueblo de Cuautitlán, cuatro leguas. Me recibió el cura con mucha caridad. Es de suficiente población, y antes era doctrina de padres Observantes. Pasa por su inmediación un caudaloso río de su nombre y tomando la corriente sur-norte, entraba en la laguna de Zumpango, y crecida ésta con sus raudales, vaciaba en la de San Cristóbal, y llena ésta, derramaba sus aguas en la Texcoco (depósito universal de todas las lagunas y acequias del dilatado valle mexicano), la cual completa, no podía recibir las aguas de la laguna de Chalco y demás derrames vecinos, de donde se seguían frecuentes inundaciones a México; pero se han evitado en gran parte con la gran fábrica de desagüe de este río en Huehuetoca, aunque algunos piensan que es desagüe de la laguna; pero lo cierto es que ninguna laguna tiene desagüe, recogiéndose todas las inmensas aguas que despide los elevados volcanes de nieve y demás encumbrados montes, que por el dilatado espacio de 60 leguas circundan a México, en la famosa laguna de Texcoco, donde por la cualidad de la tierra des su naturaleza salitrosa y sulfúrea, y por eso sin árboles ni hierbas, se va evaporando, ayudada del sol y de los aires; de suerte que solo en tiempos de aguas se ve redundar en avenidas. Providencia singular del Altísimo para que no inunden a México. Tampoco se ha hallado sumidero alguno de estas aguas, aunque no ha faltado quien lo diga; antes, al contrario, salen en medio de las lagunas, como yo he visto, muchos borbotones de agua, que a manera de impetuosos ríos brotan hacia arriba. Salí de Cuautitlán por la tarde, y dejando a mano derecha los pueblitos de San Mateo de Jala y Santa Bárbara fui a dormir en el suelo de la venta de Coyotepec, tres leguas. Con la jornada primera de éste día fueron diez leguas.

 “Por la mañana, al pueblito de San Miguel de los Jagueyes, 2 leguas; a la hacienda de San Bernardino y a comer al pueblo de Tepexi, 4 leguas. Hay doctrina de padres Observantes, y me fui al convento, donde me recibió el reverendo padre Guardián con singular caridad. Salí por la tarde acompañado de dos indios, que pasando por una calera y el pueblito de Santa Anna, me guiaron por unos despeñaderos sin senda ni camino, entre unos peñascosas muy escarpados, y de tanto peligro, que ni aun valiéndose de pies y manos se podían subir, con que fuimos a dar a una cañada muy frondosa y amena, donde había una hacienda que toma el nombre de la misma cañada. Descansamos de tantas fatigas un rato, y habiendo refrescado, tomamos el camino, y a corta distancia me dejaron los hermanos indios, que combinaban a su pueblo, y yo llegue al rancho de Atongo, 4 leguas.

  Pero antes de pasar adelante suplico al que esto leyere que si el Señor le trae por esta tierra no tome por su vida semejante camino o descamino, pues aunque se ahorraran por aquí algunas leguas se acrecientan infinitas fatigas y un sin número de peligros y trabajos, verificándose aquí con la mayor propiedad aquel proverbio vulgar y verdadero que no hay atajo sin trabajo”. El camino real es el de Tepexi a Tlautla, y de aquí a Atongo. De Atongo pasé a dormir al pueblito de San Francisco, 2 leguas; y en todo el día, 12 leguas.

  "Antes era doctrina de padres Observantes y anexo a la cabecera, en este pueblito, que es de indios, me recibió en su casa con mucha caridad una señora llamada doña Bonifacia Briseño, que por su devoción y tener mi nombre del siglo, la quedé mi afecto. Salí de San Francisco, a otro día por la mañana al pueblo de San Miguelito, 1 legua; a Calpulalpan, 1 legua; a comer y dormir a Arroyozarco, 2 leguas. En todo 4 leguas.

  Es Arroyozarco hacienda de los misioneros de California, y su administrador, el P. Blas, me detuvo con mucha urbanidad y cariño hasta el otro  día, que era al festividad de la Encarnación del Señor, que habiendo dicho misa, tomé mi camino y pasé por el rancho y venta de Ruano, dos leguas; ranchos de San Nicolás de las Porterillas, una legua, a comer a la venta del Cuervo, 3 leguas; aquí hay una presa grande de agua con alguna pesca. Después, a la venta (que Dios haya) de las Palmillas, 2 leguas. Aquí empieza el camino muy pedregoso y cansado hasta la villa de San Juan del Río, donde fui a dormir, 2 leguas; me recibió en su casa el señor don Julio de Arteaga, señor del Ache. Fue la jornada de hoy 10 leguas.

  “Desde las Palmillas a San Juan del Río hay muchos ranchos de indios para reforzarse de la molestia que causan las piedras del camino. Este pueblo de San Juan del Río tiene muchas familias de indios otomíes, que es el idioma común por todo ese rumbo; y también le habitan muchos españoles, mestizos y mulatos, administrados todos en lo espiritual por un cura y dos vicarios. Los naturales o indios tienen su iglesia aparte, donde celebran sus funciones, y como república numerosa de indios, tiene su gobernador de la misma nación y lengua. Hay también un teniente corregidor español para el gobierno civil y político, sujeto al corregidor de Querétaro. Los frutos del país son trigo, maíz y cebada, con buenos pastos para el ganado de toda suerte. El comercio en la Villa es considerable, por ser la puerta y paso para toda tierra adentro. Hay un convento de padres Dominicos y de San Juan de Dios, en cuya portería se venera una efigie de Cristo, que dicen apareció allí pintada en la pared. También hay un beaterio de terceras Franciscanas. Salí de San Juan del Río por la mañana al puente de la Estancia, 2 leguas; hay varios ranchos y haciendas, y las cebadas aunque no muy crecidas, estaban ya para cegarse

Nota: que desde Querétaro volví a San Juan del Río el sábado de Ramos y desde el puente a San Juan me cogió una furiosísima tempestad de truenos y relámpagos, y caían tantas centellas y rayos, que causaron muchos estragos y muertes en los pueblos vecinos.

  “De la Estancia fui a la hacienda de Robles, 3 leguas, y aquí comí. En todo este terreno hay tantas lucernitas de noche, y de tantos brillos, que a mi regreso a San Juan del Río me causaban singular pavor por lo inusitado y no menos diversión por lo lucido. De Robles a la venta y hacienda La Noria, 3; mal agua; a dormir a la ciudad de Querétaro, 2 leguas, y mal camino por las piedras. Desde el puente de la Estancia a Querétaro hay muchos ranchos de indios. La jornada de hoy fueron 10 leguas muy largas.

  En Querétaro me fui al colegio de la Santa Cruz, de padres misioneros Franciscanos de la congregación de Propaganda Fide, que llaman Crucíferos, de quien haré mención después. Me recibió con extremada caridad y singular devoción el reverendo padre fray Joaquín Benito Barrios, Guardián del santo Colegio, a quien viviré siempre agradecido, como a toda su venerable y religiosísima comunidad. Y haciendo alto en este santo retiro, registremos desde su eminente situación a esta famosa ciudad (1).

  El Diario está dividido en dos volúmenes, a medida que avance en la lectura, aparecerá otro tramo del Camino Real de Tierra Adentro que describa el padre Ajofrín y con mucho gusto compartiré esta que está siendo una muy amena lectura. Será bueno notar que la edición que conseguí, de 1964, fue de algún modo la del Bicentenario del viaje del fraile a México. 

Fuente:

Diario del viaje que hizo a la América en el siglo XVIII el P. Fray Francisco de Ajofrin. Vol I. Instituto Cultural Hispano Mexicano. México, 1964. pp. 125-130



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