jueves, 23 de marzo de 2017

De pulperías, tiendas y clasificaciones en el arte de comerciar

  Esta historia o relato si prefieres llamarlo así, comienza hace unos seis meses cuando, al hurgar en el AGN encuentro un Listado de Pulperías en la Villa de Salamanca, la referencia lo indicaba incluido en la sección de pulques, así que imaginé lo que encontraría en el documento eran los nombres de las Pulquerías establecidas en la localidad, pero, al tenerlo ya en mi mano leo Pulpería, de pulpa; al recurrir al diccionario antiguo veo que era la forma de referir a eso que hoy conocemos como abarrote. Ya antes, andando por unos pueblos del norte del Estado de México, llamó mi atención que muchas de los abarrotes eran denominados como Lonja, luego recordé que una vez alguien, extranjero, me dijo algo sobre un Emporio que su familia tenía refiriéndose también a una tienda. Así que, veamos algunas definiciones de esto que es el arte de comerciar.

RAE. Diccionario de Autoridades - Tomo V (1737)

PULPERIA. s. f. Tienda en las Indias, donde se venden diferentes géneros para el abasto: como son vino, aguardiente y otros liquores, géneros pertenecientes a droguería, buhonería, mercería y otros; pero no paños, lienzos ni otros texidos. Latín. Communis taberna, vel caupona. RECOP. DE IND. lib. 4. tit. 8. l. 12. Dexando en cada Lugar de Españoles de las Indias, las pulperías que precisamente fueren necessarias para el abasto, conforme a la capacidad de cada Pueblo.

RAE. Diccionario de Autoridades - Tomo IV (1734)

LONJA. s. f. El sítio público, donde suelen juntarse los Mercaderes y Comerciantes, para tratar de sus tratos y comercios. Sale del Latino Longus, a, um, por ser siempre espaciosas y prolongadas. Latín. Emporium. MORGAD. Hist. de Sev. lib. 2. cap. 13. La nueva lonja de Mercaderes, que tambien se vá labrando a toda priesa ... será assimismo después de acabada uno de los famosos y heróicos edificios de todo el Orbe.

Diccionario de Autoridades - Tomo IV (1734)

LONJA. Se llama tambien la tienda donde se vende cacáo, azúcar, especias y otros géneros. Latín. Taberna mercium. CERV. Persil. lib. 4. cap. 7. Entraos conmigo en esta quadra, que quiero enseñaros mi lonja, y un camarín.

Diccionario de Autoridades - Tomo VI (1739)

ULTRAMARINO, NA. adj. que se aplica à lo que está, ò se considera del otro lado, ù à la otra parte del mar. Lat. Ultramarinus, a, um. Transmarinus. ORDEN. MILIT. Año 1728. lib. 3. tit. 1. Artic. 2. Comandantes Generales de las Provincias ultramarinas. QUEV. Cult. Alabé sin qué, ni para qué la fatiga de los ultramarinos.

Diccionario de Autoridades - Tomo III (1732)

EMPORIO. s. m. Qualquier Ciudad donde concurren para el trato y comercio muchas y varias Naciones de todas partes. Es voz tomada del Latino Emporium. MOND. Dissert. 2. cap. 4. Se hallaba en Athenas ... venerada como empório de las ciencias, de los mismos Romanos

  Lo del Abarrote se complica un poco pues el término es más bien marino y va asociado al abasto, lo cual en el referido diccionario lo define como: La provisión conveniente y necessaria para el mantenimiento comun de algun pueblo. Viene del verbo Bastar. Lat. Rei frumentariae, vel aliarum quarumcumque rerum copia, abundantia. Y de la tienda de "Conveniencia" no creo sea adecuado incluirla en esta relación pues hace su aparición en México ya comenzado el siglo XXI.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Los Chichimecas, el pueblo menos conocido del antiguo México

   Es un pueblo desconocido porque siempre hemos especulado en torno a él y poco nos hemos atrevido a estudiarlo. Si entender la civilización Azteca, Maya, Tolteca u Olmeca, es complicado, más aun a los Chichimecas que, siendo un pueblo derrotada y en el entendido de que son los triunfadores quienes escriben la historia; creemos es poco lo que hay de ellos… más bien, poco interés le hemos puesto en entender lo que fue el confuso periodo mexicano en el “principio de los tiempos” por pretender colocarlos en algún momento del ahora llamado time-line.

 En este Bable ya dimos cuenta de algunos datos, como que al decir “Chichimeca” estamos englobando a una cantidad grande de pueblos, sesenta en número, si mal no recuerdo, pero, al haber pocas fuentes que nos den datos precisos de la grandeza Chichimeca, caemos en el coloquial “chichi” y su significado y de que eran nómadas, punto. Pero más bien deberíamos poner un punto y coma y tratar de entender lo que fueron. Para ello colaboro transcribiendo esto que Clavijero nos dejó como herencia de veracruzano que fue a morir por caprichos o intereses del “Rey de las Españas” y sus días terminaron en Bolonia, Italia.

  “Con la destrucción de los Toltecas quedó solitaria y casi enteramente despoblada la tierra de Anáhuac, por espacio de más de un siglo, hasta la llegada de los Chichimecas (1). Eran estos, como los Toltecas que les precedieron, y las otras naciones que les vinieron en pos, originarios de los países septentrionales; pudiéndose con razón llamar el Norte de América, como el de Europa, la almáciga del género humano. De uno y otro salieron, a guisa de enjambres, naciones numerosísimas a poblar las regiones del Mediodía. El país nativo de los Chichimecas, cuya situación ignoramos, se llamaba Amaquemecan, donde, según decían, los monarcas de su nación habían dominado mucho tiempo (2).

  Era singular, como parece por su historia, el carácter de los Chichimecas; porque á cierta especie de civilización, unían muchos rasgos de barbarie. Vivían bajo la autoridad de un soberano, y de los jefes y gobernadores que lo representaban: su sumisión no cedía a la de las naciones más cultas. Había distinción de plebeyos y nobles: los primeros estaban acostumbrados a reverenciar a los que eran superiores a su condición por el nacimiento, por el mérito o por la voluntad del príncipe. Vivían congregados en lugares compuestos, como debe creerse, de míseras cabañas (3); pero no se empleaban en la agricultura, ni en las artes compañeras de la vida civil. Se alimentaban de la caza, de las frutas y de las raíces que les daba la tierra inculta. Su ropa se componía de las toscas pieles de las fieras que cazaban, y no conocían otras armas que el arco y la flecha.

  Su religión se reducía al simple culto del sol, al que ofrecían la yerba y las flores del campo. En cuanto a sus costumbres, eran ciertamente menos ásperos y rudos, que lo que permite la índole de un pueblo cazador.

 Xolotl, primer rey de los chichimecas en el Anáhuac.

  El motivo que tuvieron para dejar su patria, es incierto, como también lo es la etimología del nombre Chichimecatl (4). El último rey que tuvieron en Amaquemecan, dejó dividido el gobierno entre sus dos hijos Achcauhtli y Xolotl. Este, o disgustado, como suele suceder al ver dividida su autoridad, quiso probar si la fortuna le deparaba otros países en que pudiera reinar sin rivalidad, o viendo que los montes de su reino no bastaban al alimento de los habitantes, cuyo número aumentaba, intentó remediar la necesidad mudando de residencia. Tomada aquella resolución por uno o por otro motivo, y hecho por los exploradores el reconocimiento de una gran parte de las tierras meridionales, salió de su patria con un gran ejército de sus súbditos, que o por afecto o por interés quisieron seguirlo. En su viaje iban encontrando las ruinas de las poblaciones Toltecas, y especialmente las de la gran ciudad de Tula, a la que llegaron después de diez y ocho meses de marcha. Dirigiéronse en seguida hacia Zempoala y Tepepolco, a distancia de cuarenta millas del sitio de México. De allí mandó Xolotl a su hijo el príncipe Nopaltzin á observar el país. El príncipe recorrió las orillas de los dos lagos y las montañas que circundan el delicioso valle de México, y habiendo observado el resto del país desde una elevación, tiró cuatro flechas a los cuatro puntos cardinales, en señal de la posesión que en nombre del rey su padre tomaba de toda aquella tierra. Informado Xolotl de las circunstancias del territorio, tomó la resolución de establecerse en Tenayuca, a seis millas de México, hacia el Norte, y distribuyó toda su gente en las tierras comarcanas; pero por haberse agolpado la mayor parte de la población hacia el Norte y hacia el Nordeste, aquellas tierras tomaron el nombre de Chichimecatlctli, es decir, tierra de los Chichimecas. Los historiadores dicen que en Tenayuca se hizo la revista de la gente, y que por eso se le dio el nombre de Nepohualco, que significa numeración; pero es increíble lo que dice Torquemada, a saber: que de la revista resultó mas de un millón de Chichimecas, y que hasta su tiempo se conservaron doce montones de piedras de las que ellos iban echando al pasar la reseña. No es verosímil que tan numeroso ejército se pusiese en camino para una jornada tan larga, ni parece posible que un distrito tan pequeño bastase a un millón de cazadores (5).

  Establecido el rey en Tenayuca, que desde entonces destinó para corte de sus estados, y dadas las órdenes oportunas para la fundación de las otras ciudades y villas, mandó a uno de sus capitanes, llamado Achitomatl, que fuese a reconocer el origen de ciertos ríos, que él había observado durante la expedición. Achitomatl encontró en Chapultepec, en Coyoacán y en otros puntos, algunas familias Toltecas, de las cuales supo la causa y la época de la destrucción de aquel pueblo. No solo se abstuvieron los Chichimecas de inquietar aquellos míseros restos de tan célebre nación, sino que contrajeron alianza con ellos, casándose muchos nobles con mujeres Toltecas, y entre ellos el mismo príncipe Nopaltzin se casó con Azcaxochitl, doncella descendiente de Pochotl, uno de los dos príncipes de la casa real de los Toltecas, que sobrevivieron a la ruina de su nación. Esta conducta humana y benévola produjo grandes bienes a los Chichimecas; pues con el trato de la laboriosa nación que los había precedido, empezaron a aficionarse al maíz y a otros frutos de su industria: aprendieron la agricultura, el modo de extraer los metales, el arte de fundirlos, el de trabajar las piedras, el de hilar y tejer algodón, y otras muchas, con cuyo auxilio mejoraron su alimento, su traje, sus habitaciones y sus costumbres.

Llegada de los Acolhitis y otros pueblos.

  No contribuyó menos eficazmente a mejorar la condición de los Chichimecas, la llegada de otras naciones civilizadas. Apenas habían pasado ocho años después del establecimiento de Xolotl en Tenayuca, cuando llegaron a aquel país seis personajes, que parecían de alta condición, con un séquito considerable de gente (6). Eran estos de un país septentrional, próximo al reino de Amaquemecan, o a lo menos no muy distante de él, cuyo nombre no dicen los historiadores; pero tenemos motivos para creer que era Aztlán, patria de los Mexicanos, y que estas nuevas colonias eran aquellas seis tribus célebres de los Nahuatlacas, de que hablan todos los historiadores de México, y de que luego haré mención. Es probable que Xolotl enviase a su patria el aviso de las ventajas de aquel país, donde se había establecido; y que esparcidas estas noticias entre las naciones circunvecinas, mucha s familias se decidiesen a seguir sus pasos, para ser partícipes de su felicidad. También puede pensarse que sobrevino una escasez en aquellas tierras del Norte, y que esta circunstancia obligó a muchos pueblos a buscar su sustento en las del Mediodía. Como quiera que sea, los seis personajes que vinieron a Tenayuca, fueron benignamente recibidos por el rey Chichimeca, el cual, informado del motivo de su viaje, y de su deseo de establecerse en aquellas regiones, les señaló tierras en que pudieran vivir y propagarse.

   Pocos años después llegaron otros tres príncipes con un grueso ejército, de la nación Acolhua, originaria de Teoacolhuaean, país vecino, ó no muy remoto del reino de Amaquemecan. Llamábanse estos magnates Acolhuatzin, Chiconcuauhtli, Tzmtecomatl, y eran de la nobilísima casa de Citint su nación era la más culta y civilizada de cuantas habían venido a aquellas tierras después de los Toltecas. Fácil es de imaginarse el rumor que produciría tan extraña novedad en aquel reino, y la inquietud que inspiraría á los Chichimecas tanta multitud de gente desconocida. No parece verosímil que el rey les permitiese entrar en su territorio, sin informarse antes de su condición y del motivo de su venida. Hallábase a la sazón el rey en Tezcoco, adonde había trasladado su corte, o cansado de vivir en Tenayuca, o atraído por la ventajosa situación de aquella nueva residencia. A ella se dirigieron los tres príncipes; y presentados al rey, después de una profunda inclinación, y de aquella ceremonia de veneración, tan común entre ellos, que consiste en besarse la mano, después de haber tocado con ella el suelo, le dijeron en sustancia: “Hemos venido, o gran rey, del reino de Teoacolhuacan, poco distante de vuestra patria. Los tres somos hermanos e hijos de un gran señor; pero instruidos de la felicidad de que gozan los Chichimecas bajo el dominio de un rey tan humano, hemos preferido a las ventajas que nos ofrecía nuestra patria, la gloria de ser vuestros súbditos. Os rogamos, pues, que nos deis un sitio en vuestra venturosa tierra, en que podamos vivir dependientes de vuestra autoridad, y sometidos a vuestros mandatos". Quedó muy satisfecho el rey, menos de la gallardía y de los modales cortesanos de aquellos nobilísimos jóvenes, que de la lisonjera vanidad de ver humillados a su presencia tres príncipes atraídos de tan remotos países por la fama de su poder y de su clemencia. Respondió con agrado a sus expresiones, y les prometió condescender con sus deseos; pero en tanto que deliberaba sobre el modo de hacerlo, mandó a su hijo Nopaltzin que alojase aquellos extranjeros, los cuidase y atendiese.

  Tenía el rey dos hijas en edad de casarse, y pensó darlas por esposas a los dos príncipes mayores; mas no quiso descubrir su proyecto, hasta haberse informado de su índole, y estar cierto de la aprobación de sus súbditos. Cuando quedó satisfecho sobre ambos puntos, llamó a los príncipes, que no dejaban de estar inquietos acerca de su suerte, y les manifestó su resolución, no solo de darles estados en su reino, sino también de unirlos en casamiento con sus dos hijas; quejándose de no tener otra a fin de que ninguno de los ilustres extranjeros quedase excluido de la nueva alianza. Los príncipes le manifestaron su gratitud en los términos más expresivos, y se ofrecieron a servirlo con la mayor fidelidad.

  "Llegado el día de las bodas, concurrió tanta muchedumbre de gente á Tenayuca, lugar destinado para la celebridad de aquella gran función, que no siendo la ciudad bastante a contenerla, quedó una gran parte de ella en el campo. Casóse Acolhuatzin con la mayor de las dos princesas, llamada Cuetlaxochitl, y Chiconcuauhtli con la menor. El otro príncipe se casó con Coatetl, doncella nacida en Chalco de padres nobilísimos, en los cuales se había mezclado la sangre tolteca con la chichimeca. Las fiestas públicas duraron sesenta días, en los cuales hubo lucha, carrera, combates de fieras, ejercicios análogos al genio de los Chichimecas, y en los cuales sobresalió el príncipe Nopaltzin. A ejemplo de la familia real, se fueron uniendo poco a poco en casamiento otras muchas de las dos naciones, hasta formar una sola, que tomando el nombre de la más noble, se llamó Acolhua, y el reino Acolhuacan. Conservaron, sin embargo, el nombre de Chichimecas, aquellos que, apreciando mas bien las fatigas de la caza que los trabajos de la agricultura, ó incapaces de someterse al yugo de la subordinación, se fueron a los montes que están al Norte del valle de México, donde abandonándose al ímpetu de su bárbara libertad, y viviendo sin jefes, sin leyes, sin domicilio fijo y sin las otras ventajas de la vida social, corrían todo el día en pos de las bestias salvajes, y se echaban a dormir donde les cogía la noche. Estos bárbaros, mezclados con los Otomites, que seguían el mismo sistema de vida, ocuparon un terreno de más de trescientas millas de extensión, y sus descendientes estuvieron muchos años molestando a los españoles después de la conquista de México" (1).

Notas dadas por Clavijero:

[1] En mi Disertación II contradigo á Torquemada, el cual no cuenta más que once años entre la ruina de los Toltecas y la llegada de los Chichimecas.

[2] Nombra Torquemada tres reyes Chichimecas de Amaquemecan, y da al primero 180 años de reinado, al segundo 156, y al tercero 133. Véase lo que digo en mi segunda Disertación sobre la desatinada cronología de aquel autor. El mismo afirma positivamente que Amaquemecan distaba seiscientas millas del sitio en que hoy se halla Guadalajara; pero en más de mil y doscientas millas de país poblado que hay más allá de aquella ciudad, no se encuentra vestigio ni memoria del reino de Amaquemecan; por lo que creemos que este país, aun no conocido, es mucho mas setentrional que lo que se imagina Torquemada.

[3] Torquemada dice que los Chichimecas no tenían casas, sino que habitaban en las cavernas de los montes; pero en el mismo capítulo afirma que la ciudad, capital de su reino, se llamaba Amaquemecan: grosera y manifiesta contradicción, á menos que Amaquemecan fuese una ciudad sin casas, o que haya ciudades compuestas de cavernas. Este defecto es mu y común en aquel autor, apreciable bajo otros aspectos.

[4] Torquemada dice que este nombre se deriva de Techickimani, que quiere decir chupador, porque chupaban la sangre de los animales que cogían. Pero esta etimología es violenta, mayormente entre aquellos pueblos que no alteraban tanto los nombres. Betancourt creé que se deriva de Chichime, que significa perro, nombre que les daban por burla otros pueblos; pero si así fuera, ellos no se gloriarían, como se gloriaban en efecto con el nombre de Chichimecatl. 

[5] Torquemada dice que el país ocupado entonces por los Chichimecas tenía veinte leguas, o sesenta millas de largo.

[6] Los nombres de estos caudillos eran: Tecuatzin, Tzontehuayotl, Zacatitechc.

Fuente de la obra:

Clavijero, Francisco Javier. Historia antigua de México. Tomo I. Imprenta de Lara. México, 1844. pp. 54-57


martes, 21 de marzo de 2017

Antes y ahora: El convento de San Francisco en Guadalajara

 Guadalajara, 1780 ca. El convento franciscano era, al igual que el de la ciudad de México, un espacio enorme que incluía, además de la "casa", es decir, el propio convento, el templo principal, dedicado a San Francisco, y seis capillas, tres de ellas de considerable tamaño, dedicadas a la Virgen de Aranzazu, San Roque y San Antonio. Las otras tres eran las del Calvario, Cenáculo y la del Santo Sepulcro, que era doble ya que en la planta alta estaba la del Noviciado. Una cruz atrial se levantaba al centro del recinto.

  Guadalajara 2017. Solamente sobreviven el Templo de San Francisco, del lado izquierdo y la capilla de Aranzazu a la derecha, el resto fue demolido poco a poco como consecuencia a la Ley Lerdo que en su momento fue aplicada. El que era el acceso principal al recinto, en donde había un arco, es actualmente la avenida 16 de Septiembre.

Para leer buena parte de la historia del convento franciscano de Guadalajara, entra aquí.

lunes, 20 de marzo de 2017

De animales en nuestra vida cotidiana

  Sea para comerlos que para compañía o como ayuda en el trabajo los animales han estado presentes desde (dirían algunos religiosos) la creación del mundo o, dirían los científicos, desde la evolución de las especies. Es por eso que los vemos presentes en todos lados y reproducidos como objetos decorativos o como símbolos religiosos, ni que decir de símbolos de nacionalismo como el águila. Así que, con esta idea, iniciamos el ejercicio fotográfico de hoy en el que el tema central son ellos, los animales.

  El puerquito es el atributo que identifica San Antonio Abad.

El cordero, imprescindible en los templos católicos.

La piñata tradicional incluye algunos modelos de animales.

Chapulín hecho con hojas de palma.

Pez Vela, guajolote, cisnes y algunos más para los nacimientos.

Animales de peluche en una tumba.

Un escondido chapulín, símbolo de Chapultepec.

San Juan Bautista y su borrego.

Una codorniz en espléndido Menú porfiriano.

Unos patos migrantes.

Una garza

Un gato con impresionantes ojos azules.

Chivos en estampida.

El burro.

La paloma.

Un perro.

Pavos reales.

Un perro en el llamado (por los carmelitas) "oficio humilde".

Un cerdo.

Una pareja de guajolotes en pleno cortejo.

Quizá sea campamocha.

Caballo.

Chivos, cabras... aries.

Gallinas.

Vacas

Avestruz.


domingo, 19 de marzo de 2017

El abasto y transporte por los caminos reales del sigo XVII

  El atractivo de la Historia lo encontré hace unas tres décadas y media  cuando, viviendo en la CDMX, entendí que lo más interesante que leía era lo relativo a las costumbres, al día a día de lo que había sucedido, no tanto las fechas, las batallas, los grandes personajes, sino la vida de Juan Pérez (Pico Palino le dicen en Italia). Una persona que como tú y como yo vivimos, hacemos nuestra vida cotidiana de acuerdo a las costumbres actuales, a nuestro entorno, a nuestro nivel social, cultural, económico... nuestros intereses propios, etc. El primero que me transporto a otra época fue Jacques  Soustell, La vida cotidiana de los aztecas. De ahí comencé a buscar libros que hicieran ver eso, lo cotidiano.

  Pasó luego, ya en el presente siglo, que un libro, mejor dicho, una colección de libros aparecieron en los anaqueles: Historia de la vida cotidiana en México, obra compuesta de 6 tomos que nos da una visión histórica de lo que eran ciertos hábitos en México desde la época prehispánica hasta la Revolución, cada tomo comprende varios temas de lo que era la vida en cada época. Y es del tomo II que extraigo una parte del relacionado con el abasto urbano, en cuanto al transporte de mercancías por los caminos reales del siglo XVII.

 “El avance económico y la fuerza política –que en menor medida siguió siendo importante- no fueron los únicos factores que intervinieron ene le crecimiento de los centros urbanos y sus áreas de influencia y abasto; el desarrollo de los transportes tuvo un papel determinante, al grado de que no solo la conformación interna y el tamaño de éstas áreas sino también la interrelación entre las grandes regiones geográficas del país, estuvieron íntimamente ligadas al aprovechamiento de diferentes medios de transporte y a la expansión de las vías de comunicación

  Lo accidentado de la geografía novohispana había impedido un desarrollo homogéneo del sistema de transporte, pues la existencia de cadenas montañosas, selvas y pantanos podía llegar no solo a limitar el desarrollo de las comunicaciones entre regiones, sino incluso a aislar provincias enteras; tal fue el caso de Chiapas y Yucatán que se constituyeron en regiones prácticamente autosuficientes porque la selva dificultó la construcción de vías que la comunicaran con el resto del país. Sin embargo, en otros lugares los accidentes geográficos significaron grandes ventajas: algunos ríos y lagos brindaban la oportunidad de disponer de transportes acuáticos, que por lo regular eran más baratos y rápidos que los terrestres, este fue el caso de la ciudad de México que en buena medida debía su gran crecimiento al a presencia de un eficaz sistema de transporte lacustre que le permitió expandir a mayor distancia su área de abasto; otro ejemplo fue el del río Coatzacoalcos, que conectaba Veracruz con Tehuantepec, y el de los ríos Grijalva y Usumacinta que posibilitaron articular las regiones de Tabasco y Chiapas, no obstante sus condiciones selváticas.

   La eficacia de los transportes acuáticos respecto a los terrestres se pone de manifiesto en el hecho de que algunas de las canoas que circulaban por los lagos y canales de la ciudad de México podían recorrer, en una jornada, casi 30 kms transportando una carga de más de 6 toneladas, mientras que las carretas únicamente recorrían únicamente 20 kms con una carga de tonelada y media, y las mulas cubrían la misma distancia pero con cerca de 200 kilos. Sin embargo, dado que los transportes acuáticos podían ser utilizados solo excepcionalmente, lo que predominó fue el terrestre, realizado sobre todo a lomo de mula.

  En el siglo XVII había cuatro grandes caminos reales que cruzaban el territorio de la Nueva España y todos partían de la ciudad de México; hacia el oriente salía el camino a Veracruz, que fue el primero que se construyó; al poniente partía el de Acapulco, por donde llegaba el comercio de oriente; al norte iba el de Zacatecas, que conectaba con los demás centros mineros y la provincia de Nuevo México, y finalmente el del sur, que tenía como destino la ciudad de Antequera, hoy Oaxaca, desde donde se podía viajar a Chiapas y Guatemala.

  Aparte de estas rutas, que habían sido construidas en el siglo anterior, casi no había otros grandes caminos carreteros en la Nueva España, pues lo accidentado de la geografía hacía que su construcción fuera difícil y muy costosa, además de que su mantenimiento también requería grandes recursos. A esto se agregó que el gobierno central virreinal del XVII prestó poca atención en general al desarrollo de este tipo de vías, y tuvieron que ser las propias poblaciones que se beneficiaban de su existencia, las responsables de hacerse cargo de su construcción y mantenimiento, de tal manera que solo las principales ciudades del virreinato y las regiones con un alto grado de desarrollo económico pudieron costearlo; tal fue el caso de las regiones dominadas por las ciudades de Zacatecas, puebla, Guadalajara, Valladolid y Durango o la zona del Bajío (que tenía una buena red de caminos que le permitía sacar su producción cerealera hacia los centros mineros). El resto de las poblaciones novohispanas, a menos que contaran con terrenos muy llanos, debió confirmarse con tener pequeños tramos carreteros que, según su importancia, podían ser suficientemente extensos como para facilitar el transporte de sus cosechas que se producían en los campos cercanos o ser tan cortos para confundirse con sus calles. Los dueños de minas y haciendas desempeñaron un papel importante en la construcción y mantenimiento de este tipo de caminos.

   Los caminos de herradura, en cambio, tuvieron una gran difusión ya que en la mayoría de los casos pudieron aprovecharse las antiguas veredas prehispánicas de los tamemes, además de que su mantenimiento podía ser realizado por los mismos arrieros que los utilizaban. Esto unido a la movilidad que tenían caballos y mulas, permitió que los caminos de herradura pudieron llegar hasta los lugares más agrestes y apartados, siempre y cuando e contara en el trayecto con agua y alimento para los animales, al lado de todos los grandes caminos carreteros había rutas alternad de caminos de herradura, que siempre eran más cortos que las que seguían las carretas, salvo que hicieran rodeos con el objeto de pasar por diferentes poblados.

   Por ejemplo, para ir a Veracruz había dos caminos, el real que era más directo e iba por parajes despoblados y pasaba por Jalapa, y el de herradura que atravesaba diferentes lugares entre los que destacan Huejotzingo, Puebla, Orizaba y Córdoba; para ir a Zacatecas también había dos rutas principales, la del camino real que pasaba por Querétaro, San Felipe y Cuisillo y la alterna que seguramente en muchos de sus tramos permitía el tránsito de carretas que pasaba o tenía empalmes por los que llegaba a Celaya, San Miguel, Guanajuato, Silao, León, Lagos y Aguascalientes; Antequera estaba conectada por medio de tres vías, la del camino real que pasaba por puebla y Tehuacán; otra por la que también se llegaba a Puebla pero se desviaba por Izucar, Acatlán, Tamazulapan, Tepozcolula, y Nochistlán, y la tercera que pasaba por Cuernavaca con rumbo a Izucar donde se unía con el camino que venía de Puebla; finalmente, para ir a Acapulco solo había una ruta y era la del camino real que pasaba por Chilpancingo, pero sus condiciones eran tan malas que el transporte se hacía por medio de mulas. La enumeración de las rutas anteriores y de otras que, como las de Jalisco y el Bajío, sirvieron para la comunicaciones entre diferentes regiones y provincias, no debe llevarnos a pensar que la necesitaba bien comunicada pues hasta los caminos real que eran los que recibían mayor mantenimiento, eran rústicos y difíciles de transitar por los abundantes pedregales y lodazales que tenían en muchos trechos.

   El escaso desarrollo de las vías de comunicación terrestre y la lentitud y costo de los transportes provocó que el abasto de cada pueblos, villa o ciudad de la Nueva España sin importar su número de habitantes o el tamaño de su área de influencia, se tuviera que organizar conforme a un patrón, por el cual se procuraba que en las zonas aledañas o incluso en las inmediaciones de cada poblado se produjeran todos aquellos productos de gran consumo pero que por su peso y volumen fueran más difíciles de transportar y almacenar –como las frutas y las hortalizas- o que requirieran poco espacio para su producción –como las gallinas y los cerdos; en estas zonas también se localizaban los talleres y obrajes, si es que los había. En las zonas periféricas pero todavía cercanas a los centros de población se situaban aquellos bienes que requieran mayor espacio para su producción- como los cereales y otros artículos agrícolas, además de la madera y diferentes materiales de construcción. Finalmente en las zonas más apartados e incluso fuera de la región de dominio del poblado, se producía el ganado que tenía la cualidad de transportarse solo.

 Esta organización del abasto, que podemos reconocer en la mayoría de las poblaciones novohispanas, a pesar de sus distintos nivel de importancia y de la diversidad de sus entornos geográficos, buscaba racionalizar la utilización de los transportes, con el fin de contrarrestar su ineficacia, propiciando además que tanto los pueblos como las villas lograran un alto grado de autosuficiencia sobre todo en el aspecto del abasto de alimentos; por lo mismo impidió que se diera una mayor relación económica entre las grandes regiones del país, salvo contadas excepciones, el intercambio en este nivel se redujo a artículos que por su alto valor podían soportar los costos de transporte, como sucedió con el azúcar y el cacao, las herramientas y otros objetos de metal, las telas y los artículos suntuarios consumidos por las clases acomodadas. Únicamente las ciudades, con su gran desarrollo económico, su importancia política y sus redes de caminos, y también las zonas mineras, por su gran riqueza, pudieron articular una integración regional más amplia, pero incluso en estos casos se reconoce el patrón descrito para la organización del abasto por áreas de especialización, solo que las ciudades en vez de surtirse dentro de un ámbito regional, lo hacían a partir de diferentes regiones y provincias" (1).

Fuente:

1.- Mijares, Ivonne. El abasto urbano: caminos y bastimentos. Historia de la vida cotidiana en México. Tomo II. México, FCE. 2010. pp. 125-130