lunes, 10 de febrero de 2014

Amozoc y su convento franciscano del siglo XVI, estado de Puebla.

   Seguimos en este viaje que nos ha transportado literalmente al siglo XVI, llegamos a Amozoc, que dista apenas 18 kilómetros de Puebla. En la actualidad está dentro de la zona conurbada, pero en 1569, cuando comenzó su construcción eran 4 las leguas que separaban a ambas poblaciones, lo que equivalía a una jornada a pie, razón de la necesidad de ubicar el convento justo allí. Si pones atención al mapa de ubicación de los conventos que hasta el momento hemos visto, verás que la distancia que separa uno del otro no rebasa los 25 que, considerando una legua como 4.5 kilómetros, las ubicaciones se van dando en función a esa jornada. Pero no hay que olvidar que este fue "el Granero de Nueva España" en ese siglo XVI, debido a la fertilidad de sus tierras y la abundante población indígena. Ya para el siguiente siglo, el granero se ubicaría en El Bajío guanajuatense.

   Será bueno recapitular los conventos que hasta ahora tenemos vistos en Puebla: nuestro recorrido comenzó en Tepeaca, cuyo convento se construyó entre 1559 y 1593; luego vimos el de Acatzingo, que comenzó a construirse en 1529; El de Tecali se concluyó en 1564, el de Cuautlinchán en 1590; el de Tecamachalco en 1589; el de Huatlatlauca lo comenzaron a construir los franciscanos entre 1566-1569, luego lo cederían a los agustinos y ellos lo concluirán. Vimos ya el más antiguo: el de Acatzingo, hay que considerar que la orden franciscana llegó a Nueva España en 1523, seis años después comienzan su labor evangelizadora en estos valles poblanos. Pero te recuerdo que hace tiempo te compartí algunas fotos que tomé en Atlixco, sitio en el que hay otro convento más, levantado entre 1538-40.

   Así pues, como te lo he venido comentando, decidí quedarme en Tepeaca para estar en la cercanía de todos esos conventos y poderme desplazar con mayor facilidad de un pueblo al otro. Han sido muchas las cosas que he logrado ver: tianguis, templos, esos conventos que son el lei motif de este viaje y docenas de escenas de la vida cotidiana con el particular sello de los usos y costumbres de los valles poblanos. Voy en el camión de Tepeaca a Amozoc, es un día despejado y alcanzo a ver la silueta de los enormes volcanes que ya en rededor, se alcanzan a ver todos: la Malinche, el Citlalpétl, el Popocatépetl, el Iztaccihuátl y un enorme cerro que, me dicen, se le conoce como "el Pinar". Leo en Wikipedia:

   "En el municipio confluyen tres regiones morfológicas, al norte las estribaciones inferiores del Volcán Malintzin, al centro del valle de Tepeaca, y al sur la Sierra de Amozoc, es una pequeña extensión de cerros que presenta una orientación de noroeste a sureste desde el Cerro de Tepoxuchitl, en las inmediaciones de la Ciudad de Puebla hasta el cerro de la Cruz de Tepeaca. La Malinche es un volcán apagado cuya cima tiene forma de cresta dentada con varios picos; tiene una altitud de 4,461 metros sobre el nivel del mar, y sus faldas se extienden sobre una gran altiplanicie a 134 kilómetros a su alrededor. Al sur se localiza la parte occidental de la Sierra de Amozoc, donde se destacan los cerros Cuanecho, Grande, Huacatepec, Tecuancale, Taxcayo grande, Taxcayito, La Nopalera, Tlaxcayo, Las Cruces, Tlapanhuetzin, Toltepec, y Tepesita, que alcanzan entre 150 y 250 metros de altura sobre el nivel del valle".

   Es corto en realidad el viaje, apenas media hora. Siendo Amozoc zona conurbada de la capital poblana, desde que nos aproximamos vemos ya el bullicio de la ciudad, un tránsito intenso de autos, docenas de autobuses que van a docenas de pueblos, todos ellos difíciles de leer de un solo golpe, tienen nombres en lengua náhuatl, la cual, bien lo sabemos, hay que leer con mucha calma para lograr entender lo que está descrito y es necesario el conocimiento de palabras claves para entender lo que quieren decir en nuestra lengua, nombres como Atl, agua; Tépetl: cerro; Tlaco, manantial; y varios etcéteras más.

   Fue en este pueblo de Amozoc por donde se introdujo y difundió el noble oficio de la herrería, se dice que fue allí el primer sitio en Nueva España en donde se comenzaron a herrar caballos. No es de sorprendernos ver una buena cantidad de negocios que ofrecen todo tipo de instrumentos necesarios para la monta de caballos. Su parroquia, Santa María de la Asunción, fue construida a mitad del siglo XVIII y al igual que todos los templos de la región está profusamente adornado en su interior. Frente a ella se localiza el ex convento franciscano.

 A diferencia de los otros recintos que hemos visitado, aquí encontramos un atrio de menor dimensión, no existe una cruz atrial, es decir, la original, una muy sencilla de madera la suplanta. A la derecha, como en todos los recintos visitados, es donde se levanta el convento, solo que aquí, fuera de la pared externa que está en pie, todo lo demás son ruinas.

  Hay en el interior un ciprés hermosísimo, el ciprés no es otra cosa que el altar mayor, y no es casualidad que esté hecho justo con ese tipo de madera, el aroma que emana es embriagador. Hay también varias pinturas, las habituales con santos retratados, o escenas bíblicas; y hay uno excepcional de una última cena que se ve de manufactura más reciente. Hay también una pila bautismal que presumo será la original, hecha en una sola pieza y hay allí una leyenda muy curiosa. Esa me la cotó una persona ya entrada en años que cuidaba del templo, no me dio detalles, me dijo que mejor la buscara por allí...

   Me dijo que en los libros de texto de primaria aparece la leyenda, pero no pude dar con ninguno de ellos, como quiera, palabras más, palabras menos, la leyenda se ubica en algún momento del siglo XVIII, cuando una de las fiestas más celebradas y ostentosas eran las de Corpus Christi y sus gremios, en uno de ellos, seguramente el de herreros, que era el más grande de Amozoc, había un personaje de nada buen carácter al que se le conocía como "la Culata" y sucedió que, en plena celebración, que en aquellos tiempos eran los rezos y cánticos en latín, al ir recitando aquello del Ora pro nobis, de pronto, en la estrofa que dice: "Mater Inmaculta... ora pro nobis", este fiero no escuchó el "mater inmaculata" sino "maten a la culata", y fue entonces que salieron cuchillos a relucir y una trifulca se armó, conociéndose el episodio como "El Rosario de Amozoc".

 Sigamos conociendo Amozoc...















2 comentarios:

  1. Hola,

    Te faltó ir a las ruinas de las exhaciendas del siglo XVI que se encuentran al norte de Amozoc, rumbo a la Malinche, y al sur, entre los bosques de la Sierra de Amozoc.

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  2. ¡Que tal amigo!
    Gracias por tu interés por conocer y difundir las tradiciones, historia y la cultura de esta parte de la gran región centro-sur de nuestra hermosa república mexicana. La persona que te encontraste cuidando el ex convento franciscano se ve que desconoce la leyenda del Rosario de Amozoc y solamente tiene una vaga idea por lo que ha podido escuchar de algunos otros desinformados; pero si te interesa tenemos en nuestra familia un cuadernillo que se publico en la década de los años sesenta del pasado siglo XX, financiada por importantes patrocinadores tanto locales como de la capital poblana y en ella se documenta y sustenta debidamente la dicha leyenda. Espero te encuentres gozando de Paz y Bien. Recibe un cordial saludo. Hasta siempre.

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